La nueva Federación Boliviana de Fútbol (FBF) funciona desde hace dos y pico meses, casi tres, y todavía lo hace con un Comité Ejecutivo incompleto, un hueco que no es menor tomando en cuenta que los dos miembros que le faltan deben ser representantes de la División Profesional.
Los desacuerdos y distanciamientos por cuotas de poder en ese seno de la ex Liga fueron los que provocaron aquello. Pero no hay razón para dejar que pase el tiempo sin remediarlo. El Ejecutivo es el mando principal y los pasos que da no pueden seguir cojeando. Sus decisiones, en cambio, deben estar bien respaldadas por todos sus bandos, no solo por un sector.
Fue un desatino que se estrenara de esa manera. Ese directorio del cambio tenía que haber entrado en vigor con su alineación completa —por decirlo de esa manera—, sin fichas que le falten y menos si éstas deben provenir del sector que tiene mayor peso, tanto en lo institucional como en lo deportivo.
Hoy conviven alrededor de una mesa un presidente, un vicepresidente y tres directores. La División Amateur —la de las asociaciones— tiene a todos sus integrantes (tres). La Profesional no, y eso hace que el movimiento tropiece con una serie de problemas.
Es atribución de la División Profesional elegir a su vicepresidente, no se sabe qué están esperando los 14 clubes para proceder en consecuencia, sigue pasando el tiempo, sigue la división y no hay un accionar por el bienestar —palabra que sigue en discurso— del fútbol como tal.
También está en manos del Ejecutivo nombrar al director que falta, no hacerlo es alentar el desequilibro en su seno, donde se toman las más importantes decisiones.
No vaya a ser que empiecen los lamentos, que a unos no les guste las decisiones que, en su nombre, toman los otros. Es imperioso cumplir con el principio de igualdad.






