Se dice que los vallunos “no comen para vivir, viven para comer”. Esta frase encuentra sentido en la variedad ilimitada de productos que se hallan en la región y que sirven para la creación de manjares que ahora, con la incursión del Food Design, podrán hacer que el comensal experimente, también, significados y emociones al degustarlos.
“Cochabamba tiene una riqueza productiva y agrícola impresionante. Su comida tradicional es de gran valor y el reto del Food Design (diseño aplicado a los alimentos) está en fusionar tradición e innovación, sin pensar en cambiar, sino en sumar”, explica Andrea Stambuk Sánchez, chef sommelier, especialista en eventos experienciales y food experience design.
Desde hace dos años que Andrea apoya la organización del Festival Gastronómico Misky, que este año tiene el objetivo de “sorprender los sentidos”, no solo por la variedad de platillos nacionales e internacionales que presentan, sino también por la incursión en esta nueva disciplina que pretende “modificar el ritual” a la hora de comer y generar “nuevas experiencias”.
No solo se trata de diseñar el platillo, de darle una nueva imagen a la comida o que “el plato se vea bonito”. El objetivo es buscar la relación entre la persona y la comida, sacar al comensal de la tradicional forma de degustar los alimentos y crear para él una experiencia inolvidable.
“Podemos comer desde paredes, cuadros, estatuas” o un sinfín de elementos que el chef, apoyado por un equipo de profesionales de diversas áreas, puede crear, dependiendo de su imaginación. La comida dejó los platos tradicionales.
Andrea, de inclinación artística, puso en consideración de los comensales una muestra de cuadros de pintores cochabambinos, hechos en papel arroz, que reflejaban las tradiciones y costumbres del valle. Éstos estuvieron acompañados de varias salsas que fueron usadas para repasar las pinturas y así, al comerse el cuadro, pudieron saborear lo mostrado; sintieron desde naranjas y sandías hasta flores y una variedad de elementos.
“La cosas es vivir una experiencia, no solo comer. La gente quiere emocionarse y proponemos que recuerden ese platillo”. La chef explica que la innovación es un pilar fundamental a la hora de diseñar y ejecutar un evento. “Se ha comprobado que el impacto es más duradero si los clientes viven una experiencia emocionante y única. La nueva tendencia está en eventos que impacten con el diseño, la comida y se integren con la tecnología”.

La nueva gastronomía apunta a remover los sentidos; las personas comerán con ojos, oídos, tacto y gusto. La comida puede ser una obra de arte, un juego, se puede interactuar con ella, contar historias a través de ella y transmitir ideas y conceptos. Los platos y cubiertos están fuera de moda y cualquier objeto puede servir para presentar la comida. Esta nueva forma de cocina agrega valor al platillo y realza la cultura. Cada platillo inicia con un tema que guía los ingredientes a usar, utensilios y el ambiente, entre otros detalles.
El food design se impone en Cochabamba, pero aún no es conocido por la población porque incursionó en eventos corporativos o institucionales que quieren algo personalizado y diferente.
Andrea usa su ingenio y creatividad para esta tarea, y también intervienen sus conocimientos en cocina —adquiridos en España— y sus habilidades como comunicadora social; a sus “locas ideas” se suman diseñadores de interiores y otros profesionales que ayudan a consolidar la imaginativa propuesta. Hasta cursos de feng shui tomó la creadora para encontrar la ayuda requerida, cuenta.
A la hora de diseñar, ella prefiere productos agrícolas de la región porque tienen sabores y colores intensos: “Hay que usar las cosas que tenemos. En Europa se hace eso y, además, se buscan productos orgánicos, que son un lujo. Aquí tenemos una explosión de sabores en productos agrícolas que aún son orgánicos, es decir, producidos de manera natural. Es el caso de la papa ‘pinta boca’, que tiene un color morado. Si te animas a hacer un puré con ella, sale de un color morado impresionante. Esto para mí es oro. Transformarlo en algo que tenga valor, que te cuente historias, es un privilegio”.
La combinación de sabores es importante. “Es una ciencia. Por ejemplo, la papa es un material cuya textura en nuestras manos puede ser sólida y al soltarla ser líquida. Poner ciencia y tecnología en la gastronomía es importante”, aconseja.
En este emprendimiento la comida debe comunicar, contar historias. Para diseñar la experiencia no existen montos de dinero fijos, “se trabaja con la idea y el presupuesto que tiene el cliente para desarrollarla”, asegura, porque todo es cuestión de crear, haciendo uso de los recursos que están al alcance de las manos.
Andrea creó Now Experience Factory, empresa dedicada a “crear, imaginar, sentir, jugar, pero sobre todo para emocionar” al convertir eventos en experiencias únicas. Los ingredientes fundamentales son: el storytelling (contar historias en ambientes mágicos) y el design thinking (pensamiento del diseño), para que las personas “recuerden cómo los hace sentir”.
Esta actividad también ingresó a Santa Cruz de la mano de la Red Latinoamericana de Food Design, de la que Andrea es miembro. Esta organización pretende visibilizar la iniciativa y contribuir en la capacitación sobre diseño de alimentos en Latinoamérica, depositario de un capital cultural significativo y una de las regiones productoras más importantes del mundo.






