Una de las principales características que hace de La Paz una ciudad maravillosa son sus cerros. Se trata de “protuberancias” geológicas de gran belleza que albergan ecosistemas naturales, a tiempo de garantizar una mayor humedad en el ambiente y la estabilidad de los suelos.
Sin embargo, a pesar de su espectacularidad estética y de las importantes funciones ecológicas que cumplen, en los últimos años estos lugares han comenzado a ser literalmente arrasados por la angurria inmobiliaria. Por ejemplo, en al menos cuatros barrios de la zona Sur (Auquisamaña, Achumani, Chasquipampa e Irpavi) maquinaria pesada trabaja día y noche aplanando los cerros para habilitar nuevas urbanizaciones, poniendo en riesgo los canales naturales que encauzaban el agua durante la época de lluvias, amén de destruir la flora y la fauna que dan vida a aquellos lugares.
La falta del aval municipal de la sede de gobierno no ha detenido a los loteadores que se encuentran detrás de estos movimientos de tierra, pues se aprovechan de los conflictos limítrofes que La Paz mantiene con sus vecinos para conseguir permisos irregulares en las municipalidades aledañas, que carecen de institucionalidad. Por ello, resulta de vital importancia la intervención de la Gobernación y del gobierno local para proteger estos territorios, esenciales para mantener la estabilidad de los suelos, la belleza, la historia y la salud de la ciudad de La Paz y de sus pobladores.






