Mirar el fallo de La Haya con criterio partidista no es leal a la patria, debemos ser imparciales, sin soslayar las responsabilidades en el fracaso. Chile no ganó, nosotros perdimos. Ellos minimizaron nuestra demanda, como carente de lógica, una intención de alterar fronteras y lesionar el derecho internacional; mas, progresivamente, flexibilizaron su posición hasta las declaraciones cercanas al fallo, todas mencionando diálogo, amenazas del exalmirante Edmundo Gonzales, maniobras militares, suspensión de la reunión del Comité de Fronteras, Piñera en Antofagasta y la inasistencia de autoridades al fallo, mostraron que lo que esperaba Chile, no era precisamente una victoria, el destino los favoreció, mas no ganaron por efecto de su trabajo.
El problema lo circunscribimos solo a la salida al mar. Para Chile, que lo conceptualizó como asunto de seguridad y defensa, el problema marítimo no es solo la salida, tiene aristas, económicas, políticas, de comercio exterior, etcétera. La pregunta es si Diremar solo fue un órgano administrativo y el equipo jurídico se dedicó al litigio, ¿quién se preocupó del problema marítimo?
La urgencia por Ilo, y la ausencia de políticas previstas en caso de un fallo adverso, son prueba de la falta de una “planificación estratégica”.
No tomamos en cuenta que, por ejemplo, un abogado no es “de hecho” un geopolítico, y éste, de facto no es “planificador estratégico”, y el serlo no implica ser un “buen jurista”; ergo, si cada zapatero hubiera trabajado en sus zapatos, el trabajo “en equipo” habría sido mejor.
Politizamos el tema. Lo acontecido con Carlos Mesa, nombrándolo vocero, intentar enjuiciarlo, amnistiándolo, afirmar que “ya no se lo necesita”, y después mencionar que debe trabajar por la demanda; Jaime Paz Zamora y su negación a viajar, y el saludo masista en la CIJ son muestras de politización del tema que supuestamente es de Estado.
Confundimos “simpatía” con “apoyo”. Esto nos llevó al exitismo, Maná, Maradona, Carlos Vives, etcétera, están con nosotros; Bolivia, no necesita “simpatías” sino “apoyo militante”. En 1975 se consiguieron 23 resoluciones de apoyo presidencial y 11 de cancilleres; ¿Maduro, Castro, Ortega dijeron algo? El mismo Papa no fue capaz de hablar del tema con Piñera en su última visita, ninguna simpatía desembocó en presión a Chile; no dimos importancia al tema.
El lobby diplomático prácticamente no lo ejecutamos con Estados u organismos de influencia “estructural”. Privilegiamos a Maduro al tema marítimo, lo que no fue lo mejor para la reivindicación, y, estando a dos metros de Trump, preferimos no recordarle que hay una “injusticia con Bolivia, y que Chile es un país agresor”, y que si Estados Unidos aboga por la paz, la seguridad y democracia, debería apoyar la demanda boliviana. Piñera fue más hábil (aunque con un costo a la dignidad de los chilenos) con su visita a Donald Trump y su banderita.
Esperamos en la ONU discursos de los aliados, pero ni importancia nos dieron. En la Diplomacia de los pueblos no se planificó actividades, ni se usó sus potencialidades.
No articulamos adecuadamente las pruebas para los argumentos. Si sabíamos que los actos unilaterales, estopel, entre otros elementos jurídicos solo figuran en una “corriente” de pensamiento jurídico, ¿fue lógico presentarlos como argumentos, ante la CIJ?; confiamos en la esperanza y frente a la visión conservadora de los jueces aterrizamos abruptamente en el escenario que vivimos; de la “seguridad y defensa” y la diplomacia de la defensa ni hablar, no se conoció absolutamente ninguna actividad.
“Demanda incompleta”. Nos dedicamos solo a la demanda, que es solo una parte del conflicto, y desatendimos las otras aristas, soslayamos al Consejo Supremo de Defensa (Cosdep). Conscientes de que en 1975 Conamar pese a sus 315 estudios fracasó, Diremar y el Consejo de Asesoramiento Marítimo también lo hicieron y, lo que más asusta, análoga estructura estaríamos aplicando en el tema Silala. Igual que en Charaña se armó un círculo privilegiado de asesores, dejando de lado el asesoramiento técnico, lo que provocó “decisiones políticas” en un asunto “de Estado”.
¿Políticas de Estado? Creíamos que por la asistencia de expresidentes a reuniones informativas las teníamos, confundiéndolas con los “Objetivos de Estado y de gobierno”. Una política de Estado implica un diseño y varios componentes, y la condición sine qua non, que Estado y sociedad civil la acepten voluntariamente, y “normalmente” desemboca en un documento que podría haberse llamado “Estrategia Plurinacional para la reivindicación marítima”; así, Paz Zamora no hubiérase negado a viajar, politizando más el tema y no se hubiese jugado con Carlos Mesa.
No explotamos el fallo del 24 de septiembre de 2015 (competencia de la CIJ); lo asumimos como victoria final, pero el proceso ni había comenzado, pudieron más la rimbombancia de los festejos y el triunfalismo, llevándonos a una autosuficiencia y soberbia en nuestra conducta.
Pretendemos dar soluciones. ¿Serán Ilo y Puerto Busch la solución? No se puede afirmar ello. ¿Por qué no Rosario, Palmira, Manoa, o todos?; es demagogia afirmar hormonalmente la solución, ella debe emerger de estudios especializados, geopolíticos y geoestratégicos.
Tomemos en serio el tema, hacerlo político contribuirá a decepcionar a los bolivianos; felizmente, el patriotismo está incólume y fluye en la sangre nuestro derecho, pero, por favor, no abusen.






