Que sus percepciones sean una suerte de barca, que sus oídos una esponja, su visión una espátula, sus emociones liberadas, dispuestas, despojadas”. Esta es la expectativa que el músico Óscar García y la teatrista Francia Oblitas tienen del público que asista a Tanatologías, obra que ofrece una nueva propuesta de narración escénica: La Palabra Cantada. Se presentará el 27 y 28 de noviembre a las 20.00 en el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez (Jenaro Sanjinés, esquina Indaburo).
Esta experiencia surge a partir de un diálogo sobre las búsquedas que ambos artistas tienen —Óscar en la música y Francia en el teatro— sobre temas en común que desean indagar y que parten de posturas personales. “El trabajo conjunto nace también de un deseo individual de explorar el propio quehacer artístico en otras áreas, de encontrar que teatro y música contemporánea tienen elementos creativos compartidos, a los cuales queremos darles importancia; en el teatro la sonoridad es investigada y experimentada muy por la superficie; y en la música la teatralidad o el trabajo escénico no es muy tomado en cuenta”, explica Oblitas.
Es así que surge La Compañía Impresentable como opción que se piensa como el brazo operativo de la tarea creativa. “Como una ventana, como una pantalla multipropósito. Es bastante normalizado el hecho de crear, de imaginar maravillosas obras, atrevidas, exitosas dependiendo del concepto que del éxito se tenga, o modestas y simples obras, ideas para obras, que se quedan en eso, en ideas, en proyectos, en las cosas no hechas, no sonadas, no mostradas. La compañía ha sido pensada desde esa perspectiva, para cerrar la poiesis y confrontarla con quien se debe: el público”, dice García.
La compañía está conformada por seis miembros, aunque por ahora Oblitas y García son las figuras visibles. Cultivan La Palabra Cantada. “Es un género que Schönberg definió como sprechensang: “canción hablada” o “palabra cantada”, técnica vocal que se encuentra entre cantar y hablar, estamos rescatando esa técnica/género como forma de narración escénica. No es una propuesta de canto, es una búsqueda sonora de la voz teatral sobre una escritura poética”, enfatiza la actriz y directora.
La palabra cantada no plantea una obra de teatro convencional: es una narración escénica a través de la sonoridad de la voz de los actores. “Es un híbrido interesante para explorar hacia dentro del proceso creativo, un desafío. Y hacia afuera desde el público, es una forma de ver otro tipo de construcción narrativa”.
“Tanatologías es una obra que contiene a las muertes, unas cuantas de las muchas que nos tocan, como personas, como sociedad —apunta el músico—. Esas que más que doler, marcan, hacen huecos, dejan sin aliento. Ayudan, de alguna manera, a que las personas tengan el pasado, como referente, adelante, ante los ojos y envolvente, desde los oídos. Ayudan a no olvidar para no repetir, para el estarse en alerta, para saber de dónde vienen los golpes, las armas, la tierra que cubre.
De dónde viene la violencia definitiva y de dónde el necesario abrazo contenido. Eso es la obra, esas necesarias palabras desde los idos, desde las violentadas hasta la asfixia. Son nueve piezas breves en un formato que no es teatro ni es un musical. Es el umbral entre hablar y cantar, eso que desde el teatro griego lo especifica Aristóteles como el sexto componente del teatro, el canto, se proyecta aquí al siglo que nos toca, como recursos que se nos abren a la tarea creativa”.
Así, en la obra están, sin estar: Fido el león, las muertes por violaciones, las desapariciones, el asesinato de mujeres por el hecho de ser mujeres, las muertes de los bosques y sus habitantes.
Tres meses tomó el trabajo de escritura, rescatando las muertes colectivas que más interesaba tocar a los autores. Miguelangel Estellano se sumó para la puesta en escena, Pedro Grossman en la actuación, y Mariana Requena y Adalid Coatjiri por su calidad vocal en canto y teatro.
El público se encontrará con una propuesta sonora con recursos de música contemporánea y teatralidad en las voces. “Con textos que han sido escritos hace ya muchos meses, que hablan desde no lugares, ni tiempos. Textos (algunos) con lenguaje poético buscado sin mayores pretenciones que tocar en la memoria primero, en la emoción después. Con textos (otros) que sin dudad están escritos como golpes, como dardos, como un corte preciso en la yugular”, resalta García.






