Bolivia está ante otra de las vilezas del narcotráfico: los narcosecuestros, modalidad “copiada” de México que consiste en retener por la fuerza a una persona y liberarla únicamente a cambio de dinero. Por lo general, las “víctimas” son distribuidores de drogas que incumplen con los pagos por la mercadería que deberían haber comercializado; si nadie paga el rescate, son ejecutadas.
En los últimos seis meses, cuatro secuestros vinculados con delitos del narcotráfico encendieron la alerta de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN), dado que esta forma de operar —horrorosa por sus métodos y la violencia ejercida— no se había presentado antes en el país.
Luego de que La Razón publicara un reporte periodístico al respecto, Thierry Rostan, representante en Bolivia de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), exhortó al Gobierno a “hacer todas las mejoras de seguridad y garantizar la integridad de los ciudadanos”. Considerando que los narcosecuestros son un tema de seguridad nacional y de Estado, urgió a tomar acciones como, por ejemplo, el intercambio de información con otros países. El Viceministerio de Defensa informó que ya se pidió a la Policía hacer ajustes al método de trabajo de la Unidad de Inteligencia para diferenciar los tipo de plagios.
Con el compromiso de equipar al país con un software de análisis criminal y operativo y reconociendo los avances de Bolivia en la lucha contra el tráfico de drogas, la UNODC llama al Ejecutivo a evitar la germinación de este mal, algo que los bolivianos no podemos permitirnos.






