La proximidad de las fiestas de Carnaval es un excelente pretexto para que las autoridades de gobierno, en este caso del Ministerio de Medio Ambiente y Agua (MMAyA), hayan decidido, finalmente, poner un alto al desperdicio de agua en las principales ciudades del país. Se busca que la prohibición de derrochar se extienda por todo el año y no solo durante las carnestolendas.
Fue el director de la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Agua Potable y Saneamiento Básico (AAPS) el encargado de anunciar que la Resolución Ministerial 025, fechada el 30 de enero, no solo establece la ya citada prohibición, sino que también dispone que serán las empresas que prestan el servicio de agua potable y alcantarillado las que asuman “medidas sancionatorias” contra los infractores.
La citada norma ministerial señala que “el Viceministerio de Agua Potable y Saneamiento Básico es el encargado de la implementación, seguimiento y difusión” de la resolución que aquí se comenta, además de tener el deber de “coordinar con los gobiernos autónomos departamentales y municipales, las Entidades Prestadoras del Servicio de Agua Potable y Alcantarillado Sanitario (EPSA), y la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Agua Potable y Saneamiento Básico (AAPS) las acciones pertinentes en el marco de sus competencias y atribuciones”.
Lo que no queda explícitamente establecido en la Resolución Ministerial, pero que fue anunciado por el Director de la AAPS, es que la población debe asumir hábitos para el uso racional del recurso hídrico durante todo el año. La histórica crisis del agua en La Paz a fines de 2016, además de similares circunstancias en muchas otras ciudades capitales del país, son un buen recordatorio de la importancia de enseñar a la población a hacer un buen uso del agua.
Lo problemático en estos casos está en que, por una parte, ni los gobiernos municipales ni las empresas prestadoras del servicio parecen tener clara la forma en que pueden ser transmitidas esas nuevas prácticas orientadas a la conservación del agua por parte de la población y, por la otra, que ésta solo toma conciencia de la gravedad del tema cuando sus grifos se secan. Los medios de comunicación hicimos muchos esfuerzos por recordar a las personas lo importante que es evitar el derroche, pero estas enseñanzas fueron olvidadas apenas retornó la distribución normal del líquido.
Hay, pues, mucho trabajo por hacer a fin de que tanto gobernantes como gobernados comprendan la verdadera importancia de cambiar los hábitos cotidianos respecto del uso del agua. En la medida en que este asunto no sea comprendido en su verdadera, dramática, dimensión, es poco probable que una Resolución Ministerial sirva para verdaderamente cambiar algo; lo mismo podrá decirse de la imposición de multas u otro tipo de sanciones, pues hace mucho que se ha demostrado que no es cierto que la educación se adquiera por medio del castigo.






