La retórica belicista entre EEUU, Rusia y, en menor medida, China, ha revivido el temor de que se desate una carrera armamentista en el mundo, con terribles consecuencias para el planeta. El Gobierno de Trump protagonizó el más reciente capítulo de esta delirante trama el viernes, día en el que se formalizó la salida de EEUU del tratado para la eliminación de misiles nucleares de medio y corto alcance (INF). Un acuerdo clave de la Guerra Fría que Washington y Moscú firmaron en 1987. La excusa esgrimida para desconocer este tratado fue la presentación, en agosto de 2018, de seis armas convencionales y nucleares a las que Putin calificó de “invencibles” y que contravenían las restricciones impuestas por el INF.
Para mayor preocupación, los expertos coinciden en que esta salida preludia la culminación del nuevo tratado START, acuerdo por medio del cual EEUU y Rusia se comprometieron, en abril de 2010, a reducir su arsenal atómico en al menos dos tercios, y que expira en 2021. Con estos antecedentes, es poco probable que este tratado sea renovado, como ya adelantó el propio consejero de Seguridad Nacional de EEUU, John Bolton. Es decir que el mundo podría estar a las puertas de una nueva carrera armamentista, cuyo objetivo sería desarrollar armas nucleares más potentes que las que hoy existen. Un sinsentido que, lejos de contribuir a la paz y la seguridad en el planeta, promete agudizar las tensiones internacionales, la hostilidad y la desconfianza entre las potencias; lo que a su vez aumentaría las probabilidades de que se desate una guerra nuclear en la que no existirían ganadores.






