La crisis económica argentina se profundiza, con el agregado de la pérdida de confianza en el Gobierno en funciones después de su contundente derrota en las elecciones primarias. La política economía del presidente Mauricio Macri se ha descompuesto, al punto de recurrir a medidas heterodoxas que dijo que no iba a utilizar. Los siguientes meses pueden ser muy riesgosos.
Las noticias que vienen desde Argentina son preocupantes. Después de las primarias en las que se impuso el candidato opositor Alberto Fernández, con cerca de 15 puntos de diferencia sobre Mauricio Macri, la devaluación se ha acelerado, la inflación ha vuelto a crecer, y se ha observado una grave corrida financiera en la última semana.
La pérdida de las reservas internacionales es tan grande que hay dudas sobre la capacidad del Estado argentino para cumplir sus obligaciones financieras y abastecer de dólares a la economía, pese a la abultada deuda externa que ha suscrito y al masivo apoyo del Fondo Monetario Internacional (FMI). Tal es el descontrol que en días reciente el gobierno de Macri anunció un “reperfilamiento” de la deuda. Es decir, ha decidido postergar su pago por un periodo aún por definir, y el retorno del control de capitales. Ambas son medidas heterodoxas que el Gobierno había rechazado por considerarlas resabios del “populismo”.
En honor a la verdad, Macri no tenía otras opciones; el riesgo era quedarse sin divisas en pocos meses intentando evitar la hemorragia financiera provocada por la sensación de que el nivel de endeudamiento del país ya no es sostenible. Lo que a su vez podría incrementar aún más la inflación y generar problemas severos en la cadena de pagos. En ese contexto, la posibilidad de que el Gobierno llegue sin sobresaltos a la elección del 27 de octubre y a la entrega del mando en diciembre se complica cada día más.
Hay dudas de que estas medidas, casi desesperadas, puedan estabilizar la situación. Por tanto, no hay que descartar ningún escenario. Lo dramático es que un cierre catastrófico del experimento macrista implicaría un inicio muy difícil para el nuevo Gobierno, con lo cual la salida de la crisis económica del país vecino tomaría bastante tiempo. Mientras tanto, el peronismo se prepara para asumir nuevamente las riendas del poder, pero sin saber en qué estado encontrará a la economía si finalmente confirma su ventaja, y con la incertidumbre de lo que deben hacer si las cosas empeoran antes de diciembre.
Estas no son buenas noticias para Bolivia, que deberá enfrentar a un vecino que seguirá devaluando su moneda a un ritmo vertiginoso y con serios desequilibrios macroeconómicos. Por su tamaño y cercanía, hay que estar alertas a lo que podría pasar en el país vecino en los próximos cuatro meses.






