Sea en el seno de la familia, en una pareja universitaria o en las calles del País Vasco, la violencia en sus múltiples formas es objeto de escritura para la ensayista, novelista e historiadora española Edurne Portela, quien estará en la Feria Internacional del Libro de La Paz entre el 7 y el 10 de agosto para participar en diferentes actividades propiciadas por el Centro Cultural de España en La Paz.
— En su obra explora la violencia, sus orígenes y consecuencias, tanto en el ámbito público como en el privado. ¿Cómo surge esa inquietud?
— Siempre he estado interesada en la violencia, también cuando era profesora e investigadora. Me interesa porque es algo con lo que convivimos constantemente, a veces de forma muy obvia como cuando hay conflictos sociales graves, guerras o problemas endémicos como la narcoviolencia. Pero a niveles íntimos también nos encontramos con violencia constante, como la violencia contra la mujer, que puede ser física (el maltrato, el feminicidio) y psicológica. Igual soy más sensible a la violencia porque crecí en una época de violencia en el País Vasco, cuando todavía estaba vigente el terrorismo de ETA, pero creo que lo normal en realidad es estar preocupada por la violencia al ser una constante en nuestras sociedades.
— Cómo la aborda en su escritura, en lo formal…
— La violencia permea lo que escribo, no de forma explícita ni morbosa. No suelo describir la violencia, sino hacerla presente de formas más sutiles. A veces está presente más a través de lo que no se dice, a través silencios y elipsis que hacen imaginar al lector situaciones de violencia.
— Una característica de la violencia es el silencio que la acompaña, el de la sociedad, de las mismas víctimas. ¿A qué cree que se debe eso?
— Hay muchos tipos de silencio. No es lo mismo el silencio cómplice que el silencio que surge por el miedo. Cuando una sociedad está o ha estado muy expuesta a la violencia, el silencio es una reacción habitual. A veces la víctima calla porque no desea generar más violencia, ni contra sí mismos ni contra otros, porque reconocer públicamente ser víctima de la violencia puede estigmatizarla más. La misma amenaza de violencia, ya sea esta física o verbal, provoca miedo y provoca silencio. El agredido calla la agresión. Pero también muchas veces callamos los testigos: por un lado puede que callemos por miedo a que mencionar lo sucedido, contar, ser testigo, haga que la violencia se vuelva hacia nosotros. Por otro lado, señalar al agresor puede generar en el testigo otro tipo de aprensiones: si le unen a él lazos afectivos o comunitarios, el testigo puede incluso sentir compasión por el agresor, algo que por supuesto es injusto con las víctimas. A veces también si la violencia se produce en espacios íntimos, los testigos piensan que denunciarla significa interferir en la vida de los demás. Y eso es un grave error. El silencio es siempre una opción negativa, de graves consecuencias para la víctima.
— El eco de los disparos está en su cuarta edición y plantea el tema de la memoria sobre la violencia. ¿Para qué sirve conocer la violencia pasada?
Sin un conocimiento de los procesos de violencia, sin un reconocimiento de las víctimas, no podemos asentar las bases de una sociedad en paz. La memoria y el conocimiento del pasado es esencial para entender quiénes somos en el presente y qué tipo de sociedad futura queremos construir. Conocer la violencia del pasado es también la única forma de deslegitimizarla.
— ¿Cómo fue el proceso de este libro?
— Fue un proyecto de muchos años, de muchas lecturas y pensamiento. Y de llegar a reconocer que no podía escribir un libro “objetivo” porque yo también estaba involucrada en el tema.
— Una universitaria se ve envuelta en una espiral de violencia en su relación de pareja en Formas de estar lejos ¿Hace este planteamiento quizá porque se ha naturalizado que la violencia es cosa de gente iletrada? ¿Cómo germina el maltrato?
— Hay un prejuicio de clase al analizar el maltrato en las relaciones de pareja. Se cree que la educación nos salva de la violencia, pero eso es una falacia. Son situaciones que se dan en todas las clases y condiciones sociales porque en definitiva responden a patrones de comportamiento (el machismo y la división de poder patriarcal) asumidas a todos los niveles, a veces incluso de forma inconsciente.
— ¿Cuáles son sus expectativas sobre su estadía en Bolivia?
— Espero poder aprender mucho de la experiencia, como es siempre el caso, que viajo a algún país del continente americano y tengo encuentros con otros escritores y escritoras y con lectores y lectoras.
— ¿Conoce algo de la producción literaria boliviana?
— Conozco la obra de Edmundo Paz Soldán, Liliana Colanzi y Rodrigo Hasbún. Excelentes escritores los tres. Espero poder encontrar obras de otros autores y autoras del país que son más difíciles que lleguen a España.
Perfil
Nombre: Edurne Portela
Nació: en 1974 en Santurce, Vizcaya (España)
Autora
Novelista, ensayista e historiadora, es doctora en Literaturas Hispánicas. Publicó El eco de los disparos: Cultura y memoria de la violencia (2016, Galaxia Gutenberg) y las novelas Mejor la ausencia (2017, Galaxia Gutenberg) Premio a mejor ficción del Gremio de librerías de Madrid, y Formas de estar lejos (2019, Galaxia Gutenberg). Ha realizado, junto con José Ovejero, el documental Vida y ficción (2017).






