El 22 de septiembre se llevó a cabo en el Recinto Ferial de Alalay en Cochabamba la edición 2019 del Overload, definida por sus organizadores como “la mayor convención de cultura alternativa de Bolivia”, y razones no les faltan para hacer tal afirmación.
No comentaré todas las actividades de este evento, aunque hay que destacar la vasta cantidad de ellas que el Grupo Leviatán, responsables de la organización, ofreció a los asistentes. Pabellones íntegros del recinto ferial dedicados al cómic y manga, al k-pop, a los video-juegos, al cosplay, al coleccionismo, junto a diferentes clubes como los de origami, Star Wars, el modelismo o los juegos de mesa. En fin, la variedad más completa para los fanáticos más exigentes. Es definitivamente el evento más grande y con más asistencia de público a nivel nacional y, por eso, un autor de historieta nacional como yo y los que nos dimos cita en Cochabamba salimos tan beneficiados. Es desde esa perspectiva que quiero referirme al Overload.
El Artist Alley o Pasaje de los Artistas es un espacio dedicado a los autores de historieta e ilustración nacionales, ubicado en los cómodos predios del pabellón Cochabamba. Es de los pocos (sino el único) donde los expositores se benefician de un stand gratuito, si se cumplen los requisitos que solicitan los organizadores, siendo este un estímulo enorme para los que no pueden costearse uno de los stands para ofertar su producción o hacer conocer al público su propuesta.
Resultado: acceder a un público de miles de asistentes, interactuar con colegas, tanto principiantes como consagrados, de todo el país. Por ejemplo, conocí al grupo Tintazul, jóvenes cruceños de menos de 25 años que están haciendo sus primeras armas en el mundo de la ilustración y el noveno arte. Compartí con los paceños Rafaela Rada y Yerko Escóbar, junto a Marco Tóxico, Oscar Zalles y Enrisako Sánchez, además de otros tres autores ya establecidos como son: Armin Castellón, Andrés Montaño y Salvador Pomar. El manga también estuvo representado por Roxan Torrez, Jorgex Ticona y varios más que también llegaron de La Paz. De Cochabamba estuvieron los geniales Juan Carlos Mamani y Génesis Gardiazabal, además de Pablo Cildoz, que es editor en Pseudogente y responsable de que el Artist Alley sea el éxito que es. Destaco entre los puntos altos de la organización que a cada autor se le entregara un refrigerio y este año incluso un almuerzo, para facilitar su faena en el evento.
El Overload se perfila como el encuentro donde los autores están apuntando a presentar sus trabajos nuevos, dado que nadie tiene interés de presentar nada en los alicaídos festivales que no tienen llegada masiva al público. El Overload superará a este ritmo a las Ferias del Libro de La Paz y Santa Cruz como plataforma preferida para presentar cómics y otros trabajos.Y, como no podía ser de otra manera, el público responde muy bien, porque pese a la oferta abrumadora de figuras de acción, blu-rays, discos, ropa y material importado, apoyan el arte nacional gastando montos que iban desde los 5 bolivianos por un sticker hasta 100 bolivianos por un ejemplar del agotado El Kusillo, obra con la que debutamos junto a Oscar Zalles allá por 2009.
Los cómics nacionales se venden muy bien y el público busca ya las obras más recientes de sus autores favoritos, además de llevarse afiches, libretas, magnetos e incluso poleras con arte original. También repartimos el compilado Ganadores del Concurso Municipal de Historieta de La Paz, gracias a la Secretaría Municipal de Cultura.
El ambiente es ameno y entre personajes de cómic, de alguna película (el cosplay de la entrañable Coco fue de lo mejor) o del animé de moda sumados al público, que no deja en algunos casos de sorprenderse por la existencia de autores nacionales que desconocían, se pasan rápidamente las 10 horas que dura el evento, en el que, como expositor, no tuve tiempo de visitar ningún otro pabellón por tercer año consecutivo. Así de ajetreado es. Eso sí, gracias al escenario del pabellón donde estábamos pude disfrutar de Wayra JaponAndes, un grupo japonés que fusiona canciones de dibujos animados famosos y les da un toque especial con instrumentos bolivianos, vi pasar al doble de Iron Man y aprendí de la ceremonia del té, una muestra pequeña de todo lo que cada año ofrece el Overload.
Al final, la otra parte bonita, la confraternización entre autores que no veo en ningún otro evento con tal vehemencia, desde el compartir una mesa o reír sinceramente con la foto oficial y la posterior cena, donde podemos intercambiar criterios y estrechar los lazos de tinta y amistad.
Los invito a ver por sí mismos que no exagero al decir que este evento es lo mejor que se lleva a cabo en el año, definitivamente el viaje vale la pena y las experiencias no se borrarán jamás. A los autores les recomiendo estar atentos a la convocatoria para artistas y postular por un stand, y al público, a estar listos para adquirir los boletos en preventa.
El Overload nos espera con los brazos abiertos.






