Los acuerdos se concluyen entre las partes dispuestas, sin embargo, este acuerdo se concluyó entre la administración de Donald Trump y el Gobierno israelí; la parte palestina no fue invitada a participar. Este acuerdo no puede llamarse un plan de paz ya que los palestinos no fueron consultados, la transacción unilateral no se puede aceptar. El acuerdo está completamente sesgado hacia el lado israelí, adopta su narrativa y destruye las esperanzas del pueblo palestino en su estado geográficamente viable e independiente, retiene su derecho inalienable y le roba su derecho a la soberanía.
El problema del acuerdo no radica solo en sus detalles, sino también en los conceptos y la premisa en que se basó, así como en la mentalidad fanática y racista con que se preparó. Por eso sus detalles son peligrosos. Se lo ha presentado engañosamente como un acuerdo de paz basado en el concepto favorito de Trump, lo que él llama “hechos alternativos”.
¿Por qué el acuerdo es recha-zado?:
—Tiene una base ideológica fundamentalista absoluta y abraza completamente la narrativa sionista, reconoce y legitima la anexión y la expansión colonial a nuestras tierras, y requiere que los palestinos (musulmanes y cristianos) se rindan a la anexión ilegal de Israel de la ciudad santa de Jerusalén y que se sometan a los dictados del fundamentalismo israelí, que esencialmente niega los derechos históricos, humanos y nacionales reconocidos internacionalmente al pueblo palestino. Así, a través de este acuerdo, Estados Unidos abre el camino que encenderá y alimentará conflictos en todo el mundo. Porque simplemente le dice al mundo: si tienes poder y amistad con la administración Trump, puedes apoderarte de las tierras de otros países si lo deseas.
—El acuerdo se basa en la visión racista de que los palestinos son violentos y de naturaleza hostil, que siempre deben demostrar su buena voluntad y deben confirmar repetidamente que se han rendido a las condiciones y dictados israelíes.
—El acuerdo sofoca las oportunidades de desarrollo económico en Palestina. Habla sobre incentivos económicos de alrededor de $us 50 mil millones para mejorar nuestras vidas, de los cuales 27 mil millones no vienen a Palestina, sino que están destinados a poner fin a la causa raíz del problema, que es la ocupación israelí. Los palestinos no carecen de experiencia, energía, creatividad o ideas para crear una economía próspera y fuerte.
—Por último, pero no menos importante, el acuerdo no reconoce al pueblo palestino como nación. Más bien, niega nuestra identidad nacional e ignora nuestros derechos internacionalmente reconocidos y adoptados en virtud de resoluciones internacionales, incluido el derecho del retorno de los refugiados a sus hogares. El acuerdo también exige la limpieza étnica, el desarraigo y la deportación de aproximadamente 300 mil ciudadanos de origen palestino de Israel, que son los propietarios originales de la tierra que se negaron a ser expulsados durante la Nakba de nuestro pueblo en 1948.
¿Qué país acepta condiciones tan injustas? Ninguno.
Para aquellos que ven el “Acuerdo del siglo” como una oportunidad, les decimos que solo es un intento de un grupo de ideólogos que buscan legalizar los crímenes de guerra y que aceptan reemplazar textos de derecho internacional con la limitada interpretación de algunos textos religiosos que sirven a la colonización sionista de nuestra tierra. Este acuerdo contiene 311 violaciones del derecho internacional, normaliza algunas de las violaciones más graves de los fundamentos y normas imperativas. Es para encender conflictos y sembrar el caos. Aprobar o apoyar este acuerdo es imprudente, ya que esto normalizará la agresión como una nueva regla de la política internacional y socavará a las instituciones internacionales relevantes.
Y a aquellos que nos acusan de rechazar o perder oportunidades, les decimos que el pueblo palestino hizo grandes concesiones para vivir en paz. Antes del nacimiento de cualquier proceso político, Palestina ha reconocido al Estado de Israel en el 78% de las tierras de la Palestina histórica, aceptamos el ejercicio de nuestro derecho a la autodeterminación en el 22% de la Palestina histórica. Desde la firma de los acuerdos de Oslo (Noruega), hemos hecho todo lo posible para presentar planes y posiciones que refuercen y destaquen esta posición.
No somos nihilistas, no tenemos miedo a negociar de buena fe. No rechazamos ningún plan práctico porque ninguno de ellos nos fue presentado. Sin embargo, nos involucramos positiva y seriamente en una serie de negociaciones, pero la avaricia de Netanyahu y sus aliados por el derecho colonial racista extremo a tomar el control de nuestra tierra, llevó a ignorar cualquier progreso realizado con los gobiernos israelíes anteriores, a negarse a reanudar las negociaciones y a no proponer ninguna alternativa seria y viable.
Afirmamos y confirmamos nuestra disposición permanente a establecer un proceso político serio y creíble, basado en referencias legales y políticas bien conocidas, internacionalmente acordadas, según la iniciativa presentada por el presidente Mahmoud Abbas ante el Consejo de Seguridad en febrero de 2018, sobre la base de un calendario específico para poner fin a la ocupación y con la participación y supervisión internacional multilateral. Cualquier cosa menos que eso contribuiría a dar más tiempo a la ocupación ilegal israelí para encubrir un proceso de paz y llevar a cabo su proyecto colonial en nuestra tierra.
En los últimos días, hemos seguido con gran interés las posiciones de la comunidad internacional ante el acuerdo Trump-Netanyahu. La Liga de los Estados Árabes, la Cumbre de los Países Islámicos, la Cumbre de los Países Africanos, El Secretario de las Naciones Unidas y la Unión Europea todos han insistido en la Solución de los Dos Estados según el derecho internacional y las resoluciones de las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad y todos ellos manifestaron el rechazo al “Acuerdo del siglo”, por no cumplir con el derecho internacional.






