Charles todavía no es Aznavour. Estamos en octubre de 1962 y un equipo de cineastas franceses ha llegado a La Paz para terminar el rodaje de una “road movie” en tecnicolor. Son los tiempos de la “nouvelle vague”. El director tiene 26 años y se llama Jean Gabriel Albicocco. Su única credencial es su opera prima, “La muchacha de los ojos de oro”. Los tres protagonistas de su segunda película son su compañera Marie Laforêt, de 23 años; el italiano Franco Fabrizi, de 46 años (Fausto en “Los inútiles” de Fellini); y Charles Aznavour, un hijo de inmigrantes armenios nacido en París hace 38 años.
En La Paz casi nadie les tira pelota, ni al épico rodaje ni al famoso “chansonier”, pero sí se fijan en ellos la revista Nova y el semanario deportivo Panorama. La primera tiene al maestro Jorge Ruiz como encargado de su sección de cine. Precisamente don Jorge, al frente del flamante Instituto Cinematográfico Boliviano, echa una mano a Albicocco.
Su competencia en el semanario Panorama es Teddy Córdova, periodista deportivo y apasionado cinéfilo de gustos conservadores. En su búsqueda de los actores, Ted se larga al Hotel Crillón y allí se topa con el trío. Charla con Marie, quien está apunada y con un tobillo dislocado; mientras el fotógrafo Nils Valle dispara embrujado foto tras foto. Y entre charla y charla con las estrellas galas, el gacetillero asiste perplejo a una escena también épica: los camareros del hotel no dejan entrar a Aznavour al comedor porque no lleva corbata, lo que evidentemente le molesta. Charles, “un hombre chiquitito y de aspecto demasiado fino” (Córdova dixit) grita y amenaza, “rojo de ira”.
La película que están rodando, casi sin plata, se llama “Le rat d’Amerique” (en castellano “Alborada” o “Amanecer”; en inglés, “Rat trap”; y en italiano, “Il sentiero dei disperati”). Está basada en una novela de aventuras y picaresca escrita por Jacques Lanzmann, que ha sido comparada incluso con “El viaje al fin de la noche”, de Céline.
“Le rat d’Amerique” se estrenó en París en 1963 con gran éxito tras su paso por el Festival de Cannes. Y después se exhibió en casi toda Europa, incluso al otro lado del “Telón de Acero”, donde ven la obra como la justificación de algunos principios de la doctrina marxista. En Paraguay pasa desapercibida, y luego el dictador Alfredo Stroessner, tarde y mal, la prohíbe porque tiene escenas rodadas en un barrio antiguo y pobre de Asunción, La Chacarita, “que atentan contra la realidad del país”. En Chile tiene un estreno fugaz, a pesar de sus secuencias en Santiago, Arica y el campamento minero de la “Disputada de las Condes”. El afiche en castellano dice cosas como éstas: “sus fieras pasiones y candentes amores sobrepasan la inmensidad del continente”, “un apasionante amor ilumina la heroica y violenta odisea del inmigrante”.
“El rata de América” narra las andanzas de un pintor francés que se busca la vida (y el amor) en Asunción, Santiago, Arica y La Paz, para después regresar (derrotado, vivo y nostálgico) en barco a Francia, dispuesto a olvidar para recordar después. Aznavour escucha durante todo el periplo melodías para su futuro repertorio, aprende guaraní, corre mil aventuras, se enamora y se junta con asesinos, bohemios, mineros, putas y una banda de contrabandistas que vende armas para una (otra) guerrilla sediciosa en Bolivia.
Tras su éxito pasajero, la cinta desaparece de la faz de la tierra y se da por perdida. Pero a principio de este siglo, una copia es hallada en los bajos de los estudios Gaumont de la capital francesa y es reestrenada en 2008 en el certamen de cine Arica Nativa (hermano del Festival Radical de La Paz).
“Alborada” no dejó huella en la historia del cine boliviano; apenas referencias periodísticas breves a su rodaje paceño. De aquel medio día de octubre, cuando los camareros (siguiendo escrupulosamente las reglas de la época) impidieron la entrada a ese francés bajito tampoco se sabría nada de no ser por Teddy Córdova. Quizás tampoco se sabrá que a falta de corbata, el parisino llevaba un poncho rojo, como iba a ser su ira. Charles todavía no era Aznavour.
Ricardo Bajo, periodista y director de la edición boliviana del periódico mensual Le Monde Diplomatique. Twitter: RicardoBajo






