Ante la necesidad de tener pruebas para detectar el COVID-19, el ministro de Salud, Marcelo Navajas, informó que, al ser difícil de conseguirlas en el mundo, se tuvo que pagar incluso sobreprecios para obtenerlas.
“Hay ciertas pruebas que todavía no hay para comprar, y hay otras que han sido difícil encontrar, así es que hemos tenido que estar en situaciones de tener que pagar sobreprecios para poder tener ese equipamiento”, dijo en el programa Primero la Verdad, de la red de medios estatales.
De acuerdo con un reportaje publicado este domingo por La Razón, Bolivia lleva a cabo —en promedio— 117 pruebas diarias para detectar o confirmar pacientes con el coronavirus, un índice bajo en relación con países de la región. Por ejemplo, Perú, con más de 30 millones de habitantes, triplica las pruebas diarias, y en Chile se efectuaban al menos 3.500 test cada jornada a inicios de mes.
Al respecto, Navajas informó que se han quintuplicado las pruebas con relación al inicio de la pandemia. “En marzo se hacían 934 pruebas al mes en Bolivia. En este momento, en lo que vamos de abril, estamos haciendo 3.500 pruebas y estamos implementando cada vez más laboratorios y más personas capacitadas para las pruebas”, aseveró.
La autoridad remarcó que lo más importante es comparar lo que se estaba haciendo, lo que sucede en la actualidad y el trabajo que se implementará en el futuro. “El próximo mes veremos que vayamos por la misma proyección”, afirmó.
Respecto de los mecanismos para detectar a los contagiados, Navajas explicó que hay tres maneras: a través de la prueba rápida, la GeneXpert y la PCR. En cuanto a la primera explicó que sus resultados no son fiables, pues determinan varios positivos falsos, por lo que se están empleando los otros mecanismos más certeros.
Finalmente, la autoridad anunció que, durante al menos seis meses habrá la obligación de seguir con las medidas de bioseguridad, como el lavado de manos y el uso de barbijos y guantes. “Posteriormente se verá”, apuntó.






