Aquí nos vamos a casar pronto y en fecha par”, decreta Mariela Ramírez, mientras sostiene la mano de su novio Jaime Elio. Ambos pasean por el lugar, como muchas de las parejas que visitan el emblemático sitio, y esperan que pase la pandemia para planificar sus nupcias. “Éste es uno de los lugares más lindos y románticos de la ciudad”, dice la joven, respecto al Montículo. ¿Por qué el Montículo es un sitio tan idílico en el imaginario paceño? Eduardo Machicado, quien nació en el barrio de Sopocachi hace 80 años, indica que el tango Illimani, de Néstor Portocarrero, fue el que cimentó esa fama, generación tras generación, y desde luego provocó que los colegiales en afanes románticos acudan a pasear por este espacio natural disfrutando su querer. No en vano, el lugar fue bautizado precisamente con el nombre del autor.
“El Montículo fue la expansión de la ciudad, en un barrio (Sopocachi) planificado por parte del partido de los liberales. Este sitio es un apu, según la cultura aymara (una montaña divina), y la plaza España era una laguna. El tranvía 2 salía del Montículo y bajaba la Ecuador. Sapa cachiquiere decir cerro solitario y el nombre del barrio se basa en el Montículo”, agrega Machicado.
El sitio, tal como lo conocemos ahora, fue diseñado por el arquitecto Mario del Carpio en 1940. El cerro se alza a una altura de 3.635 metros sobre el nivel del mar en medio de árboles, vegetación natural y atesora esculturas patrimoniales de gran valor como el portón de San Jerónimo, tallado en piedra en1776. No es la única joya, ya que la capilla que se erige es una de las más requeridas para las bodas, decenas de recién casados pasaban por ese templo en las épocas anteriores a la pandemia. En ella yacen los relojes más antiguos de la urbe, y aún funcionan; el lugar está cerrado por ahora.
Otra impresionante obra escultórica es una plazoleta circular con una fuente ornamentada con la figura de Neptuno, la cual data de 1928 y está tallada en mármol de Carrara. Eso no es todo, como una ventana al infinito se dibuja un mirador con vistas al este, el sur de la ciudad y con el nevado centinela de fondo. “Desde allí se podía ver el solsticio de verano, que es cuando sale el sol del Illimani se asienta. Esto se da el 21 de diciembre. Es un espectáculo que pocos ven”, remarca Machicado, quien es hijo del creador de Las Flaviadas, sesiones de música clásica que se realizan desde 1916, y que donó una escultura de Mozart en 1970 que está siendo restaurada.
De inspiración para el arte
El Montículo enamora, por eso no es casual que los destacados pintores Cecilio Guzmán de Rojas y Arturo Borda lo hayan visitado constantemente. También el poeta y escritor surrealista Jaime Sáenz, en su libroImágenes Paceñas, describió a este espacio de la siguiente manera: “Es éste el más paceño de los parques… donde se ofrece el más imponente panorama”.
El músico Néstor Portocarrero, a quien le debe su nombre este sitio, es quien resuena en el canto de varias generaciones que entonan y entonaron Sopocachi, de mis sueños juveniles, 15 abriles, quién volviera hoy a tener, tango que escribió mientras participaba en la guerra que se desencadenó contra Paraguay en 1932, en las calientes y secas tierras del Chaco, golpeado por las vicisitudes del conflicto bélico y la nostalgia de estar lejos de su amada ciudad.
“Como dije, el sitio es visto como amor desde que salió el tango Illimani. Recuerdo que nos llevaban de excursión del colegio Alemán. Pero allí fue un sitio de combate para la Revolución Nacional de 1952, en la posdictadura de Hugo Banzer (19711978) se talaron árboles, ya que eran bosques”, afirma un nostálgico Machicado.
Así en este parque, con senderos serpenteantes que suben y bajan, se esconden promesas de amor que van desde un primer beso hasta un matrimonio bendecido en una iglesia. Los testigos de estas historias son las piedras talladas y la naturaleza del lugar que viven en idilio perpetuo y arman el escenario ideal para que florezcan los amores más profundos.






