Seguir dependiendo de los hidrocarburos o apostar por energías alternativas es un tema en la agenda del presidente electo, Luis Arce. Analistas coinciden en que tarde o temprano el país debe definir si sigue apostando por el gas o cambia de matriz energética.
El 20 de abril está grabado en la memoria de la economía mundial por la caída histórica del precio del barril de petróleo del WTI, desde $us 18 al comenzar la jornada hasta un nivel inesperado de $us -37,63 para su cierre. Increíble.
El motivo fue la drástica reducción de la demanda como consecuencia de la pandemia y las cuarentenas aplicadas que paralizaron la industria, el comercio y el transporte a escala mundial.
Ese terremoto en la cotización del crudo provocó que gobiernos que tienen como base de su economía la comercialización de hidrocarburos, también denominados “petroestados”, consideren otras fuentes alternativas de energía en la generación de recursos para sus arcas.
Es decir, una transición energética a “electroestados”, en función a una sustitución progresiva de combustibles fósiles (petróleo crudo, carbón y gas natural), por el uso de energéticos menos contaminantes, pero que implica asumir retos en eficiencia, generación, distribución y consumo.

REGALÍAS
Bolivia no es ajena al tema, por su alta dependencia de la exportación de gas natural, con las consiguientes regalías e impuestos que perciben gobernaciones, municipios y universidades.
El gobierno de Arce asumirá este desafío. Ya en el anterior mandato del Movimiento Al Socialismo (MAS) se dio pasos para la exportación de electricidad y la generación de energía alternativa. Y el exministro de Economía ha remarcado que profundizará la industrialización que se impulsó.
“Es un desafío complicado, pero hay que hacer cambios porque los hidrocarburos se van a acabar y tenemos problemas en este momento, porque no se hizo inversión en exploración”, dijo el presidente del Colegio de Economistas de Bolivia, Jorge Akamine.
Argumentó que en los últimos años no se encontraron nuevas reservas hidrocarburíferas en el territorio nacional, y remarcó que la ejecución de proyectos de exploración requiere de una fuerte inversión y los beneficios se ven a largo plazo.
La inestabilidad de los precios internacionales del crudo, por el golpe del coronavirus, ha puesto nuevamente en la mesa de debate la sustitución energética. En criterio de Akamine, en Bolivia este tema debe ser evaluado “tarde o temprano” porque las energías renovables están en un boom en el mundo y el país no puede quedar al margen.
Por tanto, la nueva administración del Estado, añadió el economista, deberá definir “qué vamos a hacer” para contar con un ingreso alternativo a la renta petrolera. “El tema es urgente, inclusive ya se tiene la interconexión con Argentina para vender electricidad al vecino país, y lo que resta es generar los excedentes suficientes para sustituir un porcentaje de la renta petrolera que asciende a $us 2.000 millones. Necesitamos un negocio que pueda reemplazar esa renta”.
MOTOR
Para Mauricio Medinaceli, economista y exministro de Hidrocarburos, las exportaciones de gas natural ya no son tan importantes como lo fueron en el pasado y, ante esta situación, será clave que el nuevo gobierno “abra las puertas” del diálogo a los diferentes actores para modificar las condiciones legales e institucionales en el sector hidrocarburos.
“No creo que los hidrocarburos nuevamente sean el motor del crecimiento de la economía boliviana porque los precios no son los que se tenían antes, además porque la capacidad de producción del país es limitada, no hubo exploración y éxito en descubrir nuevas reservas”, complementó.
Subrayó que se debe “desfosilizar” las cuentas nacionales y redireccionar la política energética nacional entre energías alternativas o descubrir más reservas de gas. En caso de que la nueva administración asuma la primera opción, señaló este economista, se debe también pensar en quitar el subsidio a los combustibles.
“Es necesario que el país deje de vivir de los impuestos a las regalías a los hidrocarburos para pensar en un cambio de la matriz energética, porque ni las gobernaciones, ni los municipios y ni las universidades, Policía, Fondo Indígena, nadie vive de las regalías a la electricidad, a la producción de alcohol de caña o litio, todos viven de las regalías al gas y se debe preguntar a estas instituciones si están dispuestas a ceder esa participación para dar paso a energías alternativas. Es un proceso”, planteó Medinaceli.






