Cómo enfocarse epistemológica e históricamente en la comprensión de lo sucedido en el periodo noviembre 2019/octubre 2020? Donde la centralidad es la cuestión democrática/organizativa del Estado con su distribución de poder político y la autonomía de los movimientos sociales. Buscar respuestas conduce también a plantearse un estudio que debe revisar la incidencia determinante del momento auto superador de los principios únicamente organizativos de lo popular corporativo e indagar en su trascendencia hacia la homogeneidad equivalencial de la acción política.
El reacomodo de poder conclusivo al hecho electoral pasado exige revelaciones investigativas antes que un despliegue de subjetividades solo referenciales. Esto es, formas explicativas de comprender la movilidad electoral como un hecho objetivo formativo del sujeto social popular inserto en la historia reciente del país.
Lo popular corporativo es una mirada socio política, metodológica e investigativa sobre el principio trascendente de las capacidades naturales de las organizaciones estamentales y societales instaladas en el sustrato cotidiano de la vida nacional. Exige revisar también el proceso de acumulación social del bloque popular/histórico y sus formas actuales para dilucidar el camino hacia una explicación mayor del movimiento popular nacional.
Lo popular corporativo es la emergencia estructurada de una nueva identidad de características complejas, establecidas sobre la base de una conformación lenta y gradual de conciencia de bloque, hoy con perspectivas históricas y ordenamientos propios de cadenas equivalenciales, esto es, una escalonada construcción de solidaridades espontáneas y articuladas políticamente también, donde las diversas identidades populares confluyen en un actuar de lucha contra un enemigo, colectivamente identificado como opresor político, que ha negado de forma sistemática los espacios requeridos de igualdad. Lógicas equivalenciales que han trascendido las lógicas universalizadas de lo inalcanzable e irrealizable, de los mitos imposibles de un momento societal pensado en términos de racionalidad inclusiva de sus factores constitutivos. Empero, es sustancialmente importante comprender que, para la conformación política de una identidad general (de pueblo popular y movilizado) se tiene que producir una conexión hegemónica entre la cadena equivalencial y la universalidad, pues la ausencia de esta relación reduce lo equivalencial a una pluralidad desordenada y desperdigada que imposibilita el constructo identitario con caracterizaciones hegemónicas no buscadas expresamente, sino como una consecuencia contingente e irregular.
Un factor sedimentado
Dos momentos históricos, constitutivos y continuos: 2005 y 2020 dirimen electoralmente la confrontación entre una casta política/social prevaleciente y una élite dirigencial que aglutina el movimiento social devenido ya en movimiento político. Dos estamentos sociales también, uno de ellos compuesto por lógicas de clases dominantes y actividades económicas capitalistas; el otro, por un grupo social reducido a actividades comerciales, extractivistas y agrarias de subsistencia y no articulado en presencia visible con el Estado.
En el tiempo de la Guerra Federal, los liberales pactaron, inicialmente, un esquema de unidad con los grupos aymaras liderados por Pablo Zárate “Willca”, sin embargo, pronto sintieron que la movilización indígena empezaba a amenazar la hegemonía de su sector social dominante y buscaron, quienes eran enemigos, aliarse en un pacto que permitiese extinguir el peligro mayor: la presencia articulada y empoderada del indio. En 2020, la cuestión irresuelta nuevamente radicaliza las miradas despreciativas hacia lo popular, lo indígena y el pensamiento que refiere a ello como una idea inclusiva e ineludible. Todo esto articula un movimiento originado en la corporatividad social y popular que electoralmente se manifiesta con una potencia inimaginada y no percibida por quienes encomian la máxima negacionista y excluyente de lo popular indígena.
Noviembre de 2019 reconstituye en escena los factores de criticidad pendientes históricamente, esto es, la polaridad social en la perspectiva de la democratización social y las formas estatales inclusivas no con cluidas. La resolución fue electoral y se expresó en una nueva compulsa de movilización institucional, incluyente y hoy resistida desde los sectores radicalizados de la casta dominante. La exclusión de lo popular no es posible hoy y, tampoco razonable.
La Guerra Federal, la Guerra del Chaco y la Revolución Nacional son momentos que expresan la criticidad de una intersubjetividad que la clase dominante, el Estado y la sociedad civil no habían articulado previamente pero que, generaron la emergencia de nuevos movimientos en la sociedad originados desde el sustrato base. Hoy, terminado el ciclo liberal y diluidas las partidocracias tradicionales, el impulso constitutivo vuelve a reinstalarse con la presencia de la corporatividad popular y social organizada que encuentra cauce posible en la articulación de dos entidades distintas pero complementarias: la organización social establecida en el territorio nacional (formas sindicales, comerciales, comunitarias, deportivas, económicas, culturales y muchas otras) y la estructura político partidaria expresada en el MAS-IPSP. La diversidad representada en lo popular corporativo va sedimentando en el proceso construido una identidad novel enraizada en la evidente e ineludible realidad de la institucionalidad intercultural, una complejidad que no es únicamente histórica, sino que, en su entramado social, de difícil comprensión, expresa el camino irreversible de la presencia popular en la acción política visible como proceso de reconstitución de la sociedad en términos pacíficos.
Las sociedades diversas y plurales en lo étnico y social están signadas por continuas crisis, caracterizadas ellas por lógicas circulares en los intentos de sustitución de élites anexadas a los poderes estatales. Estos espacios de crisis son los propicios para el análisis y la investigación de las lógicas de incidencia que determinan su movilidad. Bolivia cierra un ciclo donde lo nacional popular da paso a una nueva forma de constitución y rearticulación de lo social a partir de lo popular corporativo, acción y espacio de visibilización, inclusión social y construcción política y estatal complementaria desde el abigarramiento societal. La “determinación difusa de la masa” recogiendo palabras de Zavaleta, ha mutado en determinación específica, superadora de las contradicciones y contravenciones domésticas para devenir en objetivo político inmediato: articulación de sectores populares, originarios, campesinos —históricamente no tradicionales como castas dominantes— para el ejercicio directo del poder político estatal.
(*) Jorge Richter es politólogo






