Catorce mil millones de dólares. Ese es la impresionante suma gastada por los candidatos a las elecciones presidenciales y legislativas en Estados Unidos, un récord absoluto que muestra a la ciudadanía dispuesta a subir la apuesta en los estados bisagra, motivada por un rechazo visceral del bando opuesto.
Es casi el doble de lo gastado hace cuatro años, y más del triple que en el año 2000, según el Centro por una Política Responsable, un centro de reflexión independiente sobre los gastos electorales.
Pero aunque los gastos sean récord, no garantiza el éxito de ningún candidato.
Así lo ilustra el año 2020: los demócratas, que buscan retomar el control del Senado, gastaron sin freno para arrebatar los escaños de pesos pesados republicanos como el líder de la Cámara Alta, Mitch McConnell (Kentucky), Lindsey Graham (Carolina del Sur) o Susan Collins (Maine), pero fracasaron en el intento.
(05/11/2020)






