Después del largo proceso de quiebre del modelo neoliberal y la democracia pactada (2000, Guerra del Agua hasta 2003, caída de Gonzalo Sánchez de Lozada: Octubre Negro) recién en 2005, por primera vez, se instaura un proceso nacional popular por vía eleccionaria y democrática. A partir del primero de mayo de 2006, cuando el presidente Evo Morales promulga el decreto de nacionalización del gas y petróleo, comienza el Proceso de Cambio, que con aciertos y errores se prolonga, también por primera vez, por 13 años (2006-2019).
Lo sorprendente para propios y extraños es que el 20 de octubre del 2019, en las elecciones generales vuelve a ganar el Movimiento Al Socialismo (MAS). La sistemática crítica de la clase media profesional oenegista, tecnocrática, académica y mediática ejercitada por más de una década y la de las plataformas del 21F, organizadas a partir del errado referéndum de 2016, no sirvieron para ganar a Evo Morales y Álvaro García en las urnas.
Conocido el MAS como vencedor, a las plataformas 21F se suma un movimiento civil conservador constituido por representantes de los comités cívicos de Santa Cruz y Potosí, el Colegio de Médico de La Paz y grupos, también de clase media, que bloquean calles de zonas “residenciales” con cintas, alambres, trastes y pitas, secundados por grupos de motociclistas pertrechados de bates, palos, escudos y bazucas caseras, particularmente en las ciudades del eje La Paz-Cochabamba-Santa Cruz.
Esta movilización, denominada de “las pititas” y de la “resistencia juvenil”, halla su realización en el motín policial de la ciudad de Cochabamba. Los anuncios de fraude anteriores a la elección, el informe preliminar de la OEA de oficio, que habla de irregularidades (expuestas por Almagro como fraude) y los acuerdos de Fernando Camacho con la Policía de Cochabamba, muestra que se trataba de acciones deliberadas que rematan en la renuncia forzada del presidente Morales, solicitada por el comandante de las Fuerzas Armadas (FFAA), precedida, claro está, por 30 bajas en lo que va del 20 de octubre al 10 de noviembre de 2019.
Aquí, es necesario hacer un paréntesis: ni analistas, ni dirigentes de partidos políticos, ni representantes corporativos, explican el accionar de las FFAA, desde la solicitud de renuncia a Evo Morales hasta la actualidad.
Inicialmente, Camacho, Pumari, las plataformas 21F, las “pititas” y la “resistencia juvenil”, siguiendo un patrón histórico en Bolivia, querían un gobierno civil militar, que cierre el parlamento, dicte un estado de sitio y restaure un Estado Republicano. Sin embargo, las FFAA no están interesadas en arriesgar su situación privilegiada de jubilación con el 100% de sus haberes, seguro de salud propio y pulpería, y sobre todo estar estigmatizados por décadas por una intervención directa, esto internamente, y externamente, la estrategia imperial es ahora la de liquidar los procesos nacional populares, manteniendo un aparente estado de derecho como en el caso de Argentina primero, y Ecuador y Brasil después. Un nuevo intento de involucrar institucionalmente a las FFAA fue la del Convoy de Oxígeno, lanzado en pleno bloqueo de caminos que exigía una fecha definitiva de elecciones generales tres veces postergadas. En este sentido, es oportuno señalar que el proceso eleccionario del 18 de octubre del 2020, está garantizado en última instancia por las FFAA, ya que la Policía ya no es una garantía desde el golpe de Estado de noviembre de 2019.
El gobierno de Janine Añez, en su primer periodo, anterior a la pandemia (12 de noviembre de 2019 al 10 de marzo de 2020), así como el segundo de pandemia (mediados de marzo de 2020 a la actualidad), se ocupó de intervenir las principales empresas y proyectos del Estado, para preparar las condiciones de su privatización e inversión extranjera: llevó a BOA al borde de la quiebra, literalmente al saqueo Entel; en su acuerdo con Petrobras disminuye volúmenes de exportación y la libera de su obligación de construir el gasoducto al Mutún; como si esto fuera poco, posterga también la separación de líquidos para la exportación del gas. Paraliza los programas de fabricación de urea en Bulo Bulo y de explotación e industrialización del litio en Uyuni.
El tema del manejo de la pandemia no es motivo de estas notas, sin embargo, cabe señalar que es uno de los problemas fundamentales del Gobierno, ya que más temprano que tarde tendrá que rendir cuentas de más de 1.500 millones de dólares provenientes de las reservas del Banco Central, créditos de organismos internaciones y donaciones.
Ahora bien, ¿por qué el título de Octubre en este artículo? Primero, por la victoria anunciada del MAS en las elecciones generales del 18 de octubre del 2020. Y segundo, porque este mes trae a la memoria hechos patrióticos, nacional-populares y revolucionarios de nuestra historia contemporánea, en efecto: el 31 de octubre de 1952 se nacionalizaron las minas, el 17 de octubre de 1969 se nacionaliza la Gulf Oil Company, el 6 de octubre de 1970 fracasa el golpe de estado a Alfredo Ovando y jura como presidente Juan José Torres, el 17 de octubre de 2003 huye Gonzalo Sánchez de Lozada y se establece la Agenda de Octubre y, el 20 de octubre de 2019, el MAS gana las elecciones generales una vez más.
(*) Danilo Paz Ballivián es sociólogo, investigador del CESU-UMSS






