Venciendo el temor al COVID-19, madres solteras, viudas y divorciadas que viven de la actividad minera en Potosí, no se rindieron ante la crisis provocada por la pandemia. Su fortaleza y tesón las impulsó a seguir adelante.
Como consecuencia de la crisis sanitaria y las cuarentenas aplicadas para evitar contagios, el sector productivo paralizó sus tareas. Tal es el caso de la minería, afectada con una disminución en la producción y la comercialización, por las bajas cotizaciones y la menor demanda externa, en particular del mercado de China.
A esto se sumó una reducción de la oferta por la suspensión de actividades laborales desde la Corporación Minera de Bolivia (Comibol), pasando por la Empresa Minera San Cristóbal, hasta las cooperativas, en resguardo de la salud de sus trabajadores y socios.
Un panorama que no frenó la firmeza de mujeres mineras, que al margen de trabajar dentro o fuera de los socavones, son esposas y madres, muchas veces solteras, viudas o divorciadas, pero que por la responsabilidad de llevar el sustento a sus hogares, superaron los límites de la pandemia. Esta es una historia de mineras que brillan en la crisis.
“Cuando se han cerrado las minas, comenzamos a vender papa, hemos tenido que buscar la forma de sobrevivir. Algunas se han dedicado a lavar ropa, y otras hemos vuelto a las minas a cuidar o sacar de a poco el mineral. No sabíamos qué hacer, nos buscamos la vida”, relató a La Razón Sinforosa Rodríguez, una minera que opera en el mítico Cerro Rico potosino.
Junto a esta obrera, más de 500 mujeres que trabajan en el interior y exterior mina en ese departamento, fueron sorprendidas por la situación sanitaria. Así, sus ingresos semanales de Bs 200, en promedio, se esfumaron, pero ellas no se dieron por vencidas y buscaroon cómo sobrevivir a la crisis.
“Con lo que teníamos en casa tuvimos que salir adelante. Fideo, papa, huevo, lo que teníamos en casa. Cuando vino la pandemia, muchas de nosotras que trabajamos en interior mina teníamos que dejar de trabajar, pero nosotras tenemos que trabajar porque vivimos al día”, afirmó Rodríguez.
La emergencia volvió a sacar a flote las dificultades que enfrenta este sector, como la inestabilidad laboral, la falta de un seguro social, de equipamiento y sobre todo la ausencia de protección por parte del Gobierno. “No hubo nadie que nos colabore, hemos sobrevivido con los alimentos que teníamos. Las autoridades se olvidaron de nosotras. Por eso estamos seguras que no conocen cuántas mujeres trabajamos en interior y exterior mina y las dificultades que atravesamos”, reclamó.
ESTUDIO
Rodriguez es miembro de la Red Nacional de Mujeres Mineras (RNMM), impulsora de la publicación Minería que brilla: Aportes a la construcción de una agenda política de las mujeres mineras en Bolivia, un estudio elaborado en el marco del proyecto Qori Suma (Oro Bueno), en alianza con la consultora Cumbre del Sajama, con el apoyo del Gobierno de los Países Bajos.
Es un documento con propuestas a las autoridades y organizaciones sociales para revertir las condiciones en las que estas obreras se desenvuelven en sus labores cotidianas, con necesidades económicas y en busca de respeto a sus derechos, un trato igualitario, sin violencia de género y respeto.






