Hay ruido e inquietud en la oposición política y sus operadores mediáticos acerca del retorno al país del expresidente Evo Morales, así como sobre el lugar que ocupará en el actual ciclo político bajo el mandato del binomio Arce-Choquehuanca. Más allá del debate al respecto, es evidente que Morales constituye un factor de poder, con fuerte liderazgo orgánico en el MAS-IPSP.
Uno de los efectos de la contundente victoria del MAS en las elecciones generales del 18 de octubre fue el regreso de Evo desde su exilio en Argentina, un año después de su derrocamiento en la crisis de octubre y noviembre del 2019. Se trata de un retorno en condición de ganador, aunque por primera vez no haya sido candidato presidencial. Y es una vuelta que reafirma su liderazgo, como se demostró en los multitudinarios y festivos actos en el recorrido de tres días que hizo en igual número de departamentos del país.
En cuanto a los comicios, es importante destacar tres aspectos que expresan la relevancia de Morales. El primero, digamos simbólico, fue su designación como jefe de campaña. El segundo, estratégico, tuvo que ver con la definición del binomio presidencial del MAS-IPSP, a la postre victorioso. Y el tercer aspecto, más bien táctico, fue su fuerte apuesta por aceptar la tercera postergación de las elecciones asumida de manera unilateral por el TSE, que implicó desactivar las movilizaciones de agosto.
La interrogante que se plantea ahora, en algunos casos con maledicencia, en otros con ingenuidad, es cuál será el papel que desempeñará Evo en el nuevo ciclo político. Ha quedado claro que no tendrá presencia directa en el gobierno de Arce, ni ningún tipo de cargo. Ello no implica, por supuesto, que carezca de influencia, en especial en la agenda política y en el devenir estratégico y orgánico del MAS. Así, se esperaría, como ha declarado el propio Morales, que sea un factor de unidad.
Quienes, en los extremos, deseaban o temían que Evo regrese con bajo perfil para replegarse en su chaco, o que asuma el rango de una especie de “presidente sin cartera”, se equivocaron una vez más. Morales es un actor central en la política nacional y es de mucha candidez esperar que no ejerza tal protagonismo. Pero es evidente, para el propio expresidente, que el Gobierno electo por voluntad mayoritaria está al mando de Arce en el Órgano Ejecutivo, y Choquehuanca en la Asamblea Legislativa Plurinacional.
A reserva de la defensa en los procesos judiciales ordenados en su contra por el régimen provisorio de Áñez, está claro que en el corto plazo Evo asumirá el liderazgo en el MAS-IPSP con miras a las elecciones subnacionales 2021. Pero sin duda su principal tarea, según señales propias, será brindar soporte orgánico al presidente Arce para afrontar la severa y prolongada crisis múltiple, en especial socioeconómica. Y queda como reto de horizonte la construcción del postevismo en el MAS y en la política boliviana.






