Los relojes miden el tiempo y éste es implacable, no se detiene por nada ni por nadie. Eso lo saben bien los pocos relojeros de la ciudad de La Paz que sobreviven ante la modernidad, reparando las pocas piezas mecánicas que les llegan.
Uno de ellos es Ernesto Gallardo Gómez, de 58 años, quien trabaja hace cuatro décadas en este oficio y cuenta con un quiosco de 2 x 2 metros en la calle América. “Estando en el colegio aprendí gracias a mi padre, quien también era relojero y trabajaba en esta misma calle, solo que al frente de donde estoy yo ahora”, relata.
Cuando se le consulta de su trabajo y los cambios sufridos en las últimas décadas — con la llegada de relojes desechables, a pila o la incusión del celular en el que la mayoría de las personas consulta la hora—, Gallardo viaja en el tiempo y responde que “antes la gente venía del interior porque la América era conocida como la Calle de los Relojeros, no como es ahora la Calle de las Ópticas. Hasta los años 90 era de solo reparadores de relojes. Todos los que nos visitaban se quedaban impresionados con la mecánica en miniatura con la que se trabaja, como pequeñas rueditas, las agujillas delgadas y las lupas”, narra con, notoria nostalgia, este heredero de una tradición.
Ancelmo Condori Hidalgo tiene 74 años y se dedica a este oficio hace más de 60 años. “Trabajaba desde mis 12 años con mi papá, quien tenía su relojería en la zona de Villa Fátima. Aprendimos empíricamente, no había las modernidades de hoy en día, llegaban muy pocos repuestos y a altos precios, por eso para reparar una pieza todo se adaptaba”, explica, desde un quiosco de 1×1 metros, ubicado en el edificio Fabril, a pasos de la calle Honda.
Para ambos relojeros, los tiempos pasados fueron mejores en cuanto a clientela y el declive de su oficio se inició en la década de los 90 con el ingreso masivo de los relojes digitales chinos, cuyos precios ínfimos ganaron adeptos masivamente.
“Los relojes antes eran mecanizados y era todo un lujo tener uno, quizá un equivalente a un celular de alta gama de hoy. Ahora ya casi no hay, quedan unos cuantos de reconocidas marcas japonesas y suizas como Citizen, Seiko y Orient o Rolex, Omega y Longines, respectivamente, y cuestan una barbaridad. Hay todavía quienes vienen”, afirma Condori.

Historias de la dictadura
La historia de un país marca a sus habitantes y en el caso de los relojeros no es la excepción. Las dictaduras militares en Bolivia repercutieron en el oficio de estos reparadores.
“Cuando era joven, durante una década trabajé en una fábrica textil y fui dirigente de la federación de los fabriles, pero en los años 80 llegó el golpe de Luis García Meza y a todos los dirigentes nos han barrido. Por eso, me instauré con la relojería, ya que necesitaba un sustento para mi familia. No podíamos ni trabajar, pero mis compañeros me dijeron ‘desempeñate en lo que sabes’ y me dieron este espacio aquí en la sede social de los fabriles de La Paz”, explica.
En el caso de Gallardo, su experiencia con un gobierno de facto se dio de una forma menos agresiva. “Hugo Banzer acudía donde mi padre por sus servicios. El general pedía que se armen varios relojes Orient para sus leales, a quienes recompesaba. Mi progenitor los ensamblaba y yo, que era muchacho esa vez, le ayudaba”. Rememora que cuando retornó la democracia al país, también visitaban a su padre diputados y senadores para hacerle mantenimiento a sus relojes de pulsera o de bolsillo. “Ahora son reliquias”, admite.
En Bolivia, la política salpica a todos y nadie escapa a ella. Una muestra de ello es lo que cuenta Condori: que el expresidente Evo Morales, cuando todavía era dirigente cocalero del Chapare, acudía a su quiosco para que le haga mantenimiento a un reloj mecánico que atesoraba. “También vinieron muchos otros políticos por la cercanía que hay con la plaza Murillo, donde está el centro del poder”, indica.
En la plaza Alonso de Mendoza se ubica la Asociación Mixta de Orfebres y Relojeros (A.M.O.R), fundada el 5 de marzo de 1955. Eran otros tiempos para los reparadores de estos objetos. “Me quedaba admirado porque los mineros e industriales traían relojes enchapados en oro. Hasta 1972 traían a reparar y luego fueron desapareciendo. Esta era calle de relojeros hasta 1998, de ahí comenzó la baja y los alquileres subieron. Las ópticas tomaron los sitios de los relojeros, que fueron saliendo. Quedamos pocos”, dice Gallardo.

El peor enemigo es el tiempo
La información la corrobora Jaime Chura, representante ejecutivo de A.M.O.R. “Nos quedan unos tres afiliados, muchos eran muy mayores y fueron falleciendo lastimosamente. El oficio ha bajado mucho en los últimos años”. Parece que una sentencia estuviera echada contra estos mecánicos que con lupas y pinzas toman objetos y piezas diminutas para que la maquinaria vuelva a marcar un “tic-tac”.
“Estamos desapareciendo y es inevitable. Un arreglo va desde Bs 70 cuando se logra encontrar un repuesto. Es un precio accesible, pero solo vienen personas muy mayores que guardan estos relojes mecánicos. Los jóvenes nos ven solo comos los que cambian pilas, mallas o vidrios de los relojes electrónicos”, confiesa Gallardo.
Condori concuerda y asevera que la época dorada de los relojeros se fue, pero que no olvidará cuando habían casetas una al lado de la otra desde la Pérez hasta la América. “Yo no estoy afiliado, soy independiente, pero con suerte le puedo decir que hoy en día debemos llegar a ser seis los relojeros antiguos que sobrevivimos.
La esperanza que atesoro es quedarme aquí hasta que mi vista me lo permita y sigan viniendo mis clientes antiguos”.
El mexicano Roberto Cantoral conoció a una dama con la que vivió un romance efímero y la presencia de un reloj durante su último encuentro gestó el bolero Reloj, en el que suplica que no marque las horas. Albert Einstein decía que “el tiempo es una ilusión que todo lo devora”, y estos relojeros de La Paz son testigos de todo ello.

Los 10 mejores relojeros de la historia
Galileo Galilei (1564- 1642) es quien inspiró a Christian Huygens, uno de los 10 mejores relojeros de la historia moderna, en el diseño del primer reloj de péndulo en 1656. Era el más exacto hasta entonces, con un margen de error de cinco minutos diarios. Una maquinaria de movimientos uniformes en la que avanzan manecillas sobre una superficie esférica, marcando el paso del tiempo: segundos, minutos y horas.
Según el portal watchesworld.com, para identificar a los pioneros se debe recorrer siglos de historia, en pos de “hallar a estos genios y científicos, quienes compartían una visión propia que obedecía al concepto del tiempo aceptado por los seres humanos”. Además cada uno de estos personajes fueron transgresores para enfrentarse a lo que la sociedad pretendía imponerles al momento de crear el famoso instrumento para medir el tiempo. Sin duda, precursores que dejaron huella.







