En el departamento de Potosí se encuentra la autonomía indígena Jatun Ayllu Yura, un territorio ancestral que sigue el esquema de los ayllus, una palabra que en quechua significa «familia». La historia del pueblo yura es una de lucha constante por restablecer su cosmovisión, donde el ayllu es una unidad territorial y cultural que integra composición social, identidad y parentesco. Para el pueblo yura, el ayllu no es solo un espacio geográfico, sino una unidad viva. Aquí, el servicio a la comunidad no es solo una obligación, sino un honor reflejado en los roles de sus autoridades originarias, quienes encarnan la esencia del autogobierno. A través de la autonomía, los yuras no solo han preservado su legado cultural, sino que han abierto un camino hacia la autodeterminación, demostrando que el respeto y la valorización de sus conocimientos ancestrales son claves para un futuro enraizado en sus tradiciones.
Este ejemplo de autonomía y desarrollo con identidad es clave para entender el contexto más amplio de Bolivia, donde el 41% de la población mayor de 15 años pertenece a uno de los 36 pueblos indígenas, siendo los aymaras y quechuas los más numerosos. A pesar de ser casi la mitad de la población, los indígenas bolivianos aún enfrentan desigualdades en salud, educación y empleo, con una tasa de pobreza del 46% (comparada con el 32% entre la población no indígena). En 2020, las brechas en el porcentaje de personas de 20-25 años que habían completado la educación secundaria eran notables: 20 puntos porcentuales para mujeres indígenas y 15 puntos para hombres indígenas en comparación con sus pares no indígenas. Además, más de la mitad de la población indígena trabaja en el sector informal y sus ingresos son un 67% menores que los de la población no indígena.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) reconoce la importancia del desarrollo con identidad para los pueblos indígenas en su Política Operativa de Pueblos Indígenas. Esta política se basa en la comprensión de la cultura y las definiciones de bienestar y visión de desarrollo de los propios pueblos indígenas, destacando la relación de éstos con su territorio y la naturaleza, así como sus estructuras de gobernanza. La nueva Estrategia Institucional del BID incluye la reducción de la pobreza, el crecimiento económico sostenible y la atención al cambio climático como objetivos centrales, con la diversidad, incluido el desarrollo con identidad, como uno de sus ejes principales.
En 2023, el 34% de las operaciones de préstamo aprobadas por el BID contribuyeron al cierre de brechas para los pueblos indígenas, identificando necesidades específicas y proponiendo acciones concretas para abordarlas. Un ejemplo de ello es el proyecto del Parque Lineal para La Paz y El Alto, que incluyó un programa de emprendimiento dirigido a mujeres indígenas afectadas por la pobreza y el empleo informal. En Bolivia, el BID ha trabajado para mejorar el capital humano, el acceso a servicios básicos y a empleos de calidad para los pueblos indígenas, así como para apoyar la consolidación de sus autonomías y el fortalecimiento de sus mecanismos de gobernanza.
Estamos concluyendo agosto, el Mes de los Pueblos Indígenas. Es un buen momento para reconocer que el apoyo del BID y otros socios de la cooperación internacional resulta crucial para construir un futuro sostenible en América Latina, reconociendo y promoviendo el papel fundamental de los pueblos indígenas. Al hacerlo, no solo honramos su legado, sino que también garantizamos un progreso inclusivo que beneficie a todos los habitantes de nuestra región.







