Según la Organización Mundial de la Salud, el consumo de alcohol causa anualmente 3 millones de muertes en todo el mundo. Tres veces más dañina que la cocaína y el tabaco, según estudios científicos, en México como en Bolivia, es la droga lícita de mayor consumo y la que más tragedias ocasiona en las familias y en la sociedad por su incidencia directa en padecimientos mortales como accidentes cerebrovasculares y cánceres en hígado, colon, recto, mama, faringe y laringe. Una enfermedad progresiva y mortal contra la que han luchado infructuosamente organizaciones como Alcohólicos Anónimos, clínicas antialcohólicas y sitios de desintoxicación.
Pero en México tienen una forma exclusiva de enfrentar esta adicción. Y créame que, por increíble que parezca, es una de las más efectivas. Se trata del juramento ante la Virgen de Guadalupe. Un juramento que hace el enfermo de no consumir alcohol por un determinado tiempo. Puede ser un año, cinco o 10. Es un compromiso formal de la persona con la Virgen, que según Gisela Von Wobeser, investigadora emérita de la UNAM, es la de más culto en México. Aquí pueden dejar de ser católicos, pero jamás de ser guadalupanos.
Es un ritual añejo, pero poco conocido por el estigma que conlleva padecer esta enfermedad. Casi secretamente, todos los martes y jueves, decenas de personas hacen fila para entrar a una capilla conocida como la de los juramentos, que está ubicada a un costado de la antigua basílica, detrás de unos árboles que la ocultan. Allá llegan no sólo alcohólicos, sino también drogadictos, ladrones y hasta personas que quieren dejar de ser infieles, todos empujados por su fe en la Virgen, y con ellos, entré un día al sitio.
Es una sala parecida a un teatro: al frente, un púlpito con micrófono, una mesa, una cruz de madera y una estatua de San Judas Tadeo. Arriba, un gran cuadro de la Virgen de Guadalupe al lado de una pantalla de unas 50 pulgadas, que ese día transmitía un documental sobre adicciones. Abajo, unas 80 o 100 sillas, todas ocupadas. Terminado el documental, nos dieron a cada uno una estampa con la imagen de la Virgen de Guadalupe y entró un sacerdote que, sin más preámbulo, nos hizo rezar un Padrenuestro, un Avemaría y un Yo pecador.
Luego nos preguntó: ¿Todos los presentes son católicos?, Sí, contestamos; ¡Más fuerte!, ¡Siiiiiii! ¿Quiénes fueron a misa el domingo? Levanten la mano (miré a mi alrededor y vi a dos mujeres que levantaron tímidamente las manos). Esto pareció enfurecerlo, porque nos regañó durante 10 minutos: nos dijo que éramos unos simuladores, viciosos, mentirosos; una carga para nuestras familias y farsantes que nos acordábamos de la Virgen sólo cuando teníamos una necesidad.
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Ante un absoluto silencio, nos ordenó después leer en voz alta lo que venía escrito en la parte de atrás de las estampas. Debíamos escribir nuestros nombres, firmas y el tiempo del juramento en los espacios en blanco. La estampa se titula “Testimonio de mi Juramento” y en resumen dice: “Dios mío, hoy he venido a esta tu casa, para hacer solemnemente mi Juramento…consciente de lo que hago, mediante este Juramento, prometo firmemente ante ti Dios todopoderoso y ante mi tierna madre Santa María de Guadalupe, no ingerir bebidas embriagantes, no drogarme, no fumar, no robar, no reñir, no maldecir, no ser infiel durante el tiempo de…”
Hecho esto, el sacerdote continuó:
—¡Levanten las estampas y repitan después de mí: juro ante dios todopoderoso!
—¡¡Juro ante dios todopoderoso!!
—¡Y ante nuestra santa madre, Virgen de Guadalupe!
—¡¡Y ante nuestra santa madre, Virgen de Guadalupe!!
—¡Cumplir fielmente mi juramento!
—¡¡Cumplir fielmente mi juramento!!
—¡Si no lo hiciere!
—¡¡Si no lo hiciere!!
—¡Caiga sobre mí su castigo!
—¡¡Caiga sobre mí su castigo!!
Luego, tomó su hisopo, lo sumergió en un recipiente con agua, nos la echo en nuestras cabezas, nos despidió y salimos con nuestras estampas en la mano.
Erich Fromm dice en su libro Psicoanálisis y religión que hay dos tipos de fe: la irracional que es la aceptación de algo que la autoridad o mayoría da como verdadero, y la racional que deriva de una convicción y pensamiento propio. Sea como sea, dice que la fe es una de las condiciones de la existencia humana. Así, cuando un mexicano le diga que no bebe porque está jurado, no insista porque no cederá.
Javier Bustillos Zamorano es periodista.






