La marcha desde Caracollo organizada por el Pacto de Unidad y el MAS-IPSP con 16 puntos en Agenda, 10 económicos y seis democráticos, marca un antes y un después en la disputa que se viene dando al interior de lo que se conoce como Proceso de Cambio. Podemos afirmar que el principal actor de la misma fue Evo Morales como presidente del MAS, que junto con el Pacto de Unidad logro avanzar a occidente de una forma muy peculiar, a pie, por carretera y pasando comunidad por comunidad. ¿Quién gano y quién perdió?
En lo territorial podríamos decir que Morales salió de su territorio duro por decirlo de alguna manera (Trópico de Cochabamba) e inicio una proyección nacional. Podemos apreciar que la reconstitución del liderazgo de Morales inicia por las comunidades, recuperando nuevamente ese componente identitario (indígena originario campesino) tan característico de los inicios del MAS del 1997-2009, lo mismo hizo en Cochabamba y Santa Cruz, en esta ocasión en occidente, no se quedó en poblaciones intermedias, sino avanzó sobre las ciudades de La Paz y El Alto, consolidando también un ropaje popular al obtener el apoyo de la población urbana de clase media baja y pobre que salió a aplaudirlo y brindarle su apoyo en todo el recorrido. Por tanto, la proyección de liderazgo de Morales a nivel territorial tiene una ruta crítica clara, del campo a la ciudad.
Morales logró consolidarse como la única dirección del MAS-IPSP, mientras la militancia en general —Dirección Nacional, Departamentales y Regionales— tuvieron una masiva participación. Este liderazgo se ve apoyado además por las organizaciones sociales del Pacto de Unidad que ahora, fruto de la movilización, está más fuerte, con mayor legitimidad y con más organizaciones, rebautizado como Estado Mayor del Pueblo.
Morales hoy en día es la única oposición real al actual gobierno, tanto los liderazgos que intentaron mostrarse de izquierda como Félix Patzi (Tercer Sistema), que brilla por su ausencia, o de Eva Copa (Jallalla), que terminó de aliado del arcismo, así como la oposición de derecha, todos fueron desplazados por Morales. Eva Copa al salir públicamente a decir que Evo no pasará por El Alto y al no lograrlo ni por asomo, terminó siendo eliminada del campo político permitiendo que las voces que tiene en contra cobren más fuerza, fue un daño colateral de la movilización. El Alcalde de La Paz, Iván Arias, fue más cauteloso y no salió a decir cosas que no podría cumplir, dijo que recibirá la marcha pacíficamente y esquivó de alguna manera el daño colateral.
En cuanto a lo comunicacional, el Gobierno utilizó todo el aparato comunicacional tanto público como privado por siete días para imponer la narrativa de movilización violenta y de afanes personales. La marcha anunció ser pacífica desde el primer día y la única violencia registrada fueron los intentos activados desde el arcismo para bloquear la marcha, dinamitándola en Vila Vila, o intentando bloquear su paso en Ventilla, donde los vecinos se organizaron para botar a las pandillas pagadas y a los grupos de choque. El Gobierno no consiguió formar opinión pública contra la marcha, que se mostró pacífica durante los siete días, con el objetivo de llegar a La Paz y llevar su pliego petitorio de 16 puntos.
Tal vez uno de los logros del arcismo fue imponer la narrativa de «interés personal» de Morales los primeros días, pero el día en que entró la marcha en la ciudad y con la contundencia del tamaño de la misma, se pudo constatar que esta marcha ya no es un afán personal, sino de miles y miles de personas del campo y ciudad que exigen un cambio a la situación actual que vive el país y ven en Morales y en el Estado Mayor del Pueblo una posible alternativa de liderazgo
Si esto no ve el Gobierno, y creen que Morales es el gran perdedor y se vuelve a su chaco con el rabo entre las piernas, sería una prueba más del extravío y falta de lectura política en que está sumido el arcismo.
Roddy Martínez V. es economista y abogado.







