Actualmente, el mundo se encuentra afrontando problemas económicos, climatológicos, sanitarios, bélicos y sociales, los cuales están ocasionando una desaceleración en las economías de los países y las tensiones geopolíticas ralentizan los volúmenes de comercio exterior, desencadenando en mayores tasas de interés, pobreza y desempleo, acompañado de altas presiones inflacionarias y menor acceso al dinero, generando incertidumbre en la población.
En los últimos años, la inflación mundial ha incrementado abruptamente, de 2,9% en 2020 a 8,9% en 2022. En 2023, disminuyó a 6,2%, y se proyecta que se cierre la presente gestión con una tasa superior al 5%. Un claro ejemplo del aumento de precios a nivel internacional se deriva en el servicio de fletes de transporte, donde el costo de un contenedor de 40 pies ascendió en más de 290%, de $us 1.521 (diciembre 2023) a $us 5.937 (julio 2024). Si bien el costo disminuyó a $us 3.489 a principios de este mes, continúa por encima del promedio anual de $us 1.674 de 2023.
Producto de la aplicación del Modelo Económico Social Comunitario Productivo, en los últimos años Bolivia ha presentado tasas de inflación bajas a nivel regional. Recordar al lector que, en las gestiones 2021, 2022 y 2023, las tasas registraron 0,9%; 3,1%; y 2,1%; respectivamente. Este aspecto se traduce en estabilidad y control de precios de la canasta familiar, precautelando los bolsillos de la población.
No obstante, el país tiene una economía abierta, es decir que exporta e importa una variedad de bienes; en este sentido, Bolivia no es una isla, tiene shocks externos y es pasible a sufrir los coletazos de lo que puede estar sucediendo a nivel internacional, efectos que principalmente se van traspasando a la economía nacional en términos de precios, lo cual se conoce en materia económica como inflación importada.
Bolivia presenta una inflación acumulada a septiembre del presente de 5,5%, el cual supera al dato proyectado en el Programa Fiscal Financiero 2024, de 3,6% al cierre de gestión. Lo mencionado se explica por el aumento de los productos importados, entre los cuales se encuentran la pasta dental (52%); crema para la piel (36%); televisor (23%); pañales desechables para bebé (24%), champú en frasco (15,24%), entre otros. Asimismo, se suma el contrabando a la inversa, derivado de los precios elevados en países vecinos, lo que provoca la salida ilegal de productos nacionales, sobre todo alimentos, hacia mercados de países vecinos afectados por la crisis climática.
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También existen factores internos que presionaron al alza la tasa de inflación, como las condiciones climáticas adversas, sequías y heladas, que afectaron la producción agrícola; así como los bloqueos de carreteras, que impactaron la producción nacional de alimentos; y la especulación generada por gente inescrupulosa que acumula bienes y los vende a precios elevados en el mercado interno, buscando mayores márgenes de ganancia.
Finalmente, es importante resaltar la política de protección económica para las familias bolivianas mediante estrategias que está realizando el Gobierno del presidente Luis Arce, que tienen por objeto estabilizar los precios, las cuales son: 1) Exención temporal del gravamen arancelario para productos clave; 2) Controles en los mercados realizados por el Viceministerio de Defensa del Consumidor en colaboración con las alcaldías; 3) Centro de Monitoreo de Seguridad Alimentaria para garantizar el abastecimiento de productos de primera necesidad para la población; 4) Ferias “Del campo a la olla” que permiten la venta directa de alimentos a precios justos; y, 5) Controles y militarización de fronteras para evitar el contrabando a la inversa.
Fernando Chuquimia es especialista financiero.







