Mientras todas las noticias se concentran en el desquiciamiento político que atormenta al país, otros acontecimientos alarmantes dan cuenta de la dejadez y el abandono en el que se encuentran niños y adolescentes, abandono no sólo de sus familiares sino del Estado que no tiene tiempo ni ganas de establecer políticas de educación y dedicación a la población más joven, ni a la de mediana edad y peor aún a la más vieja, es decir la gente no está en la agenda de quienes detentan el poder, ningún poder, los de a pie no existen para los poderosos.
Poniendo en consideración sólo este mes de octubre los hechos dan cuenta de un hombre de 58 años que violaba y filmaba a la nieta de su pareja para luego comercializar las imágenes en una red de pornografía. La niña fue víctima del violador desde sus tres años, ahora tiene siete. ¡Qué infierno! Mientras los politiqueros sacan las garras para defender sus propios intereses, unos adolescentes de 15 y 17 años filmaban las violaciones que cometían contra sus compañeros de colegio, menores que ellos y luego los amenazaban con mostrar las grabaciones para que no los acusaran. Estos hechos son una muestra de la depravación en la que están creciendo estos adolescentes, seguramente faltos de acompañamiento familiar, de seguimiento en sus consumos de entretenimiento, de lo fácil que es acceder a un celular y desde allí ingresar a imágenes, lecturas, audios impropios para ellos y para cualquiera que tenga la mente sana. Siempre en este convulsionado octubre, mientras el país se mantiene bloqueado, el director de un internado abusó de varias adolescentes de entre 12 y 15 años, la mayoría se calló por temor, por las amenazas o las promesas que a esa edad amedrentan y paralizan.
Podría seguir citando los desastres que ocurren en las escuelas, las calles, los hogares, pero no es necesario porque se vuelve repulsivo, son más que suficientes los 3 ejemplos citados para reflexionar, para llamar la atención de quien lea estas líneas. Ojalá consigamos sobreponernos al pandemónium politiquero y sacar a luz la cordura que pueda quedarnos, dar la importancia que se merece la formación de la gente de a pie de este país, sin importar su edad, ni su condición social porque la gran mayoría estamos padeciendo una enorme crisis de valores, de miopía frente a la realidad, de desamor por la vida. Quizás estas palabras suenan muy pesimistas, alarmistas, no sé, pero sobre todo son un llamado desesperado a la esperanza para que no se vaya, para que permanezca y se manifieste a pesar de todo.
Lucía Sauma es periodista.






