Todo un espectáculo fluye por mis ojos cuando veo un documental sobre la vida silvestre. Los programas sobre la naturaleza que veía en mi niñez eran más bien lecciones didácticas; en cambio, las versiones modernas tienen la grandilocuencia de los éxitos de taquilla del verano. En parte, se debe a los avances tecnológicos. Los documentales sobre la naturaleza pueden ser cinematográficos.
Una desventaja es que, en el proceso, también han hecho embonar las peculiaridades de la vida animal en el hueco circular de las narrativas humanas. Cuando se hace más fácil grabar a los animales, ya no basta con solo filmarlos; deben tener historias. Deben batallar y superar problemas. Deben tener misiones, conflictos e incluso arcos de personajes. Una familia de elefantes busca agua durante una sequía. Un perezoso solitario nada en busca de una pareja. Un pingüino pícaro roba piedras del nido de un vecino.
En vez de hacer esto, podríamos intentar observarlos a través de sus propios ojos. En 1909, el biólogo Jakob von Uexküll señaló que cada animal existe en su propio mundo perceptual único —una mescolanza de las vistas, los olores, los sonidos y las texturas que puede percibir, pero que otras especies quizá no—. Estos estímulos definen lo que Uexküll designa Umwelt, el pedacito de realidad hecho a la medida para ese animal. El Umwelt de una garrapata se limita a la sensación del aire, al olor que emana de la piel y al calor de la sangre caliente. El Umwelt humano es mucho más amplio, pero no incluye los campos eléctricos que conocen los tiburones y ornitorrincos, la radiación infrarroja que rastrean las serpientes de cascabel y los murciélagos vampiro ni la luz ultravioleta que pueden ver la mayoría de los animales videntes.
El concepto de Umwelt es uno de los más profundos y bellos de la biología. Nos dice que la naturaleza universal de nuestra experiencia subjetiva es una ilusión, y que percibimos solo una fracción de lo que es posible sentir alrededor. Es un indicio de los destellos de una realidad gloriosa en lo mundano, y de lo extraordinario en lo ordinario. Además, es casi lo opuesto a lo dramático: revela que las ranas, serpientes, garrapatas y otros animales pueden estar haciendo cosas extraordinarias, aunque parezca que no hacen nada.
Reflexionar sobre nuestro entorno desde la perspectiva de otros Umwelt nos ayuda a valorar con ojos frescos no solo a las demás criaturas, sino también el mundo que compartimos. Incluso los ambientes más familiares pueden parecer desconocidos si se perciben a través de los sentidos de otras criaturas. Nuestros propios sentidos nos limitan, crean una división permanente entre nuestro Umwelt y el de otros animales. La tecnología puede ayudar a superar ese abismo, pero siempre habrá una brecha.
Casi podría decir que ahora se ha vuelto demasiado fácil ver documentales modernos sobre la naturaleza, es como dejarme arrastrar pasivamente por el torrente de un conjunto de imágenes vívidas, con los ojos abiertos, la quijada boquiabierta, pero el cerebro relajado. En contraste, cuando pienso en otros Umwelt, siento cómo se flexiona mi mente, y siento gozo por haber intentado, al menos, una tarea imposible. En estos pequeños actos de empatía, comprendo más a fondo a otros animales, no como prototipos emplumados o velludos de mi vida, sino como entes maravillosos y únicos por su propio derecho, y como claves para comprender la verdadera inmensidad del mundo.
Ed Yong es escritor y columnista de The New York Times.







