El modelo neoliberal que se implantó en Bolivia era bastante vulnerable a la devaluación de las economías vecinas. Durante 1999 y 2002 hubo fuertes depreciaciones del real brasileño y del peso argentino que impactaron negativamente en la economía nacional, arrastrándola a una cuasi recesión y una contracción del PIB per cápita. Se utilizó el bolsín como mecanismo para enfrentar las devaluaciones vecinas, produciendo una pérdida del 25% del valor de la moneda doméstica.
La actual estabilidad económica que goza el país, reflejada en su tasa de inflación, tipo de cambio y crecimiento económico dista de esas malas prácticas adoptadas en el pasado. La moneda boliviana no solo se ha convertido en símbolo de estabilidad nacional, sino que ahora países como Argentina la han adoptado como divisa de refugio internacional.
El boliviano sustituyó al peso argentino en sus funciones de reserva de valor y medio de pago. Eso quiere decir que los argentinos (vecinos con Bolivia) ahorran en bolivianos y que el comercio fronterizo se hace en moneda nacional. Atrás quedaron los años de la hiperinflación cuando eran los nuestros quienes atesoraban la moneda foránea.
Hay dos razones que explican ese cambio de activos en las familias argentinas. Con una inflación interanual de 60%, la Argentina ostenta la inflación más alta de la región (sin contar Venezuela). En cambio, Bolivia cuenta con la inflación más baja de 1,8% en términos interanuales. La inflación corroe el poder adquisitivo de la moneda, lo que obliga a los agentes a buscar refugio en monedas consideradas como más fuertes, es decir, cuyo valor tiende a perdurar en el tiempo.
Este fenómeno no es exclusivo de Bolivia, lo propio ocurre en Europa con el franco suizo y el euro. La devaluación que ha experimentado el euro ha llevado a una reevaluación del franco suizo desde el estallido de la guerra en Europa, que actúa como moneda de resguardo para las inversiones europeas. Además, mientras que la inflación interanual a mayo en Europa se situaba en 8,1% en promedio, en Suiza llegó a 3,3% a junio.
Por otro lado, los argentinos no necesitan ahorrar en dólares porque el boliviano ofrece la misma estabilidad a un costo menor. Se debe tener presente que Argentina vive un periodo de escasez de dólares y ha limitado el uso del dólar de diversas formas. Restringió la compra de dólares al público a $us 200 mensuales al precio del tipo de cambio oficial y limitó las compras en el exterior con tarjetas de crédito. Ambas operaciones además están alcanzadas por un impuesto del 65% a la compra de dólares. La inflación en Estados Unidos, que se disparó a 8,6% en mayo, condujo los retornos, en términos reales, al terreno negativo. En cambio, la posibilidad de comprar bolivianos no está restringida y los rendimientos son positivos y estables.
Este hecho histórico ha tratado de ser opacado. Es absurda y hasta embustera la afirmación de que una devaluación nominal tiene implicaciones reales de consideración en el comercio exterior. Existe un consenso entre los economistas que la neutralidad del dinero se cumple, es decir, que las variables nominales solo se afectan a sí mismas y no a variables reales. Es posible que a corto plazo se modifiquen los precios relativos por rigidez de precios, pero no es el caso argentino donde el pass through es mayor a 1 desde hace varios años. Es decir, la inflación aumenta más rápido que el ritmo de devaluación, a lo que en Argentina le llaman atraso cambiario y que encarece los precios de los productos argentinos en lugar de abaratarlos. A mayo, la inflación interanual se incrementó en 60%, mientras que el peso se depreció solo 30%. Es improbable una avalancha de bienes argentinos porque los costos reales en Argentina aún continúan altos y su tipo de cambio real, apreciado.
También es un despropósito afirmar que la baja inflación boliviana se debe a que se importa productos más baratos del exterior, cuando la casi totalidad de países en el mundo sufre de mayor inflación, lo que eleva los costos de producción y hacen menos competitivas sus exportaciones. Empero, en esta coyuntura, las importaciones argentinas, como es el caso de la harina de trigo, son beneficiosas para el país porque no es un producto que compita con los productores nacionales y su costo de importación es prácticamente nulo al utilizar la emisión monetaria para comprar bienes, lo que implica que no genera presiones sobre las reservas internacionales.
Mantener el tipo de cambio estable fue una decisión acertada y hoy el boliviano está más fuerte que nunca.
Omar Velasco Portillo es economista.







