El bombardeo de subvariantes de la variante Ómicron del coronavirus se ha sentido como una larga ola. Y han surgido muchas preguntas en medio del bullicio. ¿Estamos ante la aparición de variantes de coronavirus completamente nuevas que son inmunes a las vacunas y a las infecciones anteriores? Si nos seguimos reinfectando, ¿es inevitable que la mayoría de nosotros acabemos por desarrollar COVID- 19 prolongado? La respuesta es no, en resumen.
Para mí, como virólogo, es importante que la gente entienda que el COVID-19 sigue siendo una gran preocupación. Pero esto no excusa ni autoriza un diagnóstico erróneo de la situación actual. Empecemos por lo que es cierto. La BA.5, una de las subvariantes más recientes de la variante Ómicron, está en todas partes. Es indudable que tiene una ventaja en términos de transmisibilidad sobre los linajes anteriores de la Ómicron y es muy probable que se deba a que evade mejor nuestro repertorio actual de anticuerpos. La BA.5 y su prima cercana, la BA.4, tienen una mutación clave que les permite eludir una importante clase de los llamados anticuerpos ampliamente neutralizantes. Estos anticuerpos en particular lograban prevenir bastante bien las infecciones de una amplia franja de variantes anteriores. En cierto sentido, esto cambió.
Por fortuna, la reinfección unas semanas después de la recuperación no es la norma. Los anticuerpos siguen siendo una poderosa defensa contra este coronavirus. Hacen muchas cosas para protegernos, a la vez que identifican y marcan al virus para que sea destruido por otros elementos del sistema inmunitario. Todavía no existe una variante que anule los beneficios de las vacunas. Hace poco, un estudio temprano, que no fue arbitrado, argumentaba que las reinfecciones son tan peligrosas como las infecciones primarias, pero de ninguna manera eso significa que los científicos y los expertos médicos llegaron a un consenso al respecto (en realidad, el estudio solo demostró que reinfectarse es peor que no reinfectarse). Otros científicos están preocupados por los riesgos a largo plazo de varias reinfecciones. Sin embargo, no se discute que la inmunidad previa, en la mayoría de los casos, reduce la gravedad de las infecciones posteriores.
Los datos existentes sugieren que las dosis de las vacunas actualizadas, incluso las realizadas a partir de linajes anteriores de la Ómicron, serían más efectivas para prevenir infecciones que continuar con el uso de las dosis de refuerzo actuales, que se basan en la espícula original del coronavirus de 2019. Mientras tanto, si eres elegible, lo mejor es que te pongas un refuerzo de las vacunas disponibles, que siguen siendo bastante buenas para evitar la hospitalización y la muerte (esto es de especial importancia en el caso de las personas mayores). Usar cubrebocas cuando te encuentres con otras personas en espacios cerrados, como restaurantes, cuando el número de casos es elevado sigue siendo aconsejable para quienes prefieren no poner a prueba su inmunidad actual.
La mayoría de los inmunólogos que conozco son optimistas, con cierta cautela, sobre nuestras perspectivas a largo plazo. No sabemos exactamente lo que este virus hará en el futuro y nunca debemos ser negligentes con quienes tienen un perfil de alto riesgo o están lidiando con una infección prolongada de COVID-19. No obstante, la mayoría de nosotros podemos tener confianza en nuestros sistemas inmunitarios, en especial cuando hacemos uso de las vacunas y los refuerzos. Puede que hasta ahora la historia tenga pocos precedentes para la actual pandemia de COVID-19. Pero esta situación no es nada nueva para nuestros sistemas inmunitarios.
Jeremy Kamil es virólogo y columnista de The New York Times.







