En su más reciente resolución, el Tribunal Nacional de Ética Periodística (TNEP) recomendó a la periodista Amalia Pando observar en su trabajo cuatro principios éticos fundamentales: informar con veracidad, contextualizar los hechos, cuidar el equilibrio informativo y respetar la diferenciación entre información y opinión. Según el tribunal, Amalia, conocida y experimentada periodista, vulneró esos deberes éticos en una nota difundida en su espacio Cabildeo Digital.
Si bien las resoluciones del TNEP no tienen efecto vinculante y son de carácter moral, su fortaleza radica en el hecho de ser públicas. De algún modo, el tribunal es el garante de que los medios y periodistas del país, sin excepción, realicen su labor con apego a las normas del Código Nacional de Ética Periodística. Así, sus fallos “encuentran sentido y autoridad en el respeto y protección del ejercicio ético y responsable del periodismo”. Valiosa apuesta por la autorregulación.
Ahora bien, ¿qué pasa cuando una resolución recomendatoria del TNEP, que implica haber comprobado la veracidad de la denuncia, es desechada por el medio de comunicación o periodista? ¿Qué ocurre cuando en lugar de rectificar y en su caso pedir disculpas, la denunciada responde con altanería: no, “Tribunal de Honor” (sic), se equivocaron de destinatario? ¿Puede hacer algo el TNEP para que su resolución no sea papel mojado y se ponga en cuestión su propia existencia?
Hay un viejo debate sobre regulación versus autorregulación de los medios de comunicación, como si fuesen excluyentes. No le tengo miedo a normas que garanticen en democracia el ejercicio ciudadano de los derechos constitucionales a la comunicación y a la información. Claro que respecto al oficio periodístico siempre será preferible optar por la autorregulación, los códigos deontológicos, los tribunales de ética. Sin libertad de expresión, ya se sabe, no hay democracia.
Enhorabuena entonces por el Consejo Nacional de Ética Periodística y su tribunal, que llegaron al país luego de un largo recorrido. La autorregulación constituye en esencia una buena idea. El problema surge cuando no funciona, como en el caso que nos ocupa (ego mata ética). Claro que la sanción moral queda, aunque pocos medios difundan las resoluciones del tribunal (con decir que la 005/2022 sobre Amalia Pando ni siquiera está en la web del Consejo Nacional).
Más allá de la casuística, el riesgo mayor de que algunos medios/periodistas se pasen por el forro los principios y mecanismos de autorregulación radica en sus efectos: la percepción de un periodismo cada vez más alejado de la ética, jodido, sin responsabilidad, envanecido, opaco.
FadoCracia VIP
1. El Diario Menor nos regaló tremenda noticia sobre la primera autoridad de Santa Cruz: “El gobernador destila amor en el cumpleaños de la exreina del Carnaval”. 2. En un escenario marcado por la polarización, publicidad e ítems fantasma y disputa entre logias, nada mejor que contar con información relevante: “Camacho le dedicó un post en Facebook a su pareja, tiene más de 10 mil interacciones y casi mil comentarios”. 3. No faltan los críticos, envidiosos, que hablan de frivolidad y degradación del oficio periodístico. No entienden que al público hay que darle lo que le gusta. 4. Y el público agradece. La noticia Los sentimientos del gobernador cruceño hacia la bella modelo fue la tercera entre las seis más leídas, solo superada por el asesino de un fraile y un robo violento, y seguida de un atraco, la balacera contra un camión y la muerte de un hombre en operativo. 5. Entretanto disparo, sangre y muerte, bienvenidos los post de amor. Propio de gente muy importante. 6. Es de suponer que, además de destilar mensajes, el gobernador hace gestión. 7. Es de suponer que, además de sus notas VIP, el diario verde informa.
José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.







