Los casos de Ómicron, las hospitalizaciones y las muertes han disminuido de manera significativa durante más de un mes en todo Estados Unidos. En respuesta, las autoridades están anulando restricciones como el uso obligatorio de mascarillas y los pasaportes de vacunación. Mucha gente se pregunta si este periodo de menos casos y de una disminución de la demanda en los hospitales es un punto de inflexión en la pandemia o solo la calma antes de que una nueva variante provoque otra ola peligrosa.
La pregunta del billón de dólares: ¿los brotes ocurrirán varias veces al año, una vez al año o después de cierta cantidad de años? Y, ¿cuánto malestar y cuánta enfermedad producirán esos brotes? Los epidemiólogos se refieren a una endemia como la persistencia de un patógeno en una comunidad o población. La manifestación de la endemia varía de un patógeno a otro. Entonces, ¿cómo será el patrón para el SARS-CoV-2, el virus que causa el COVID-19, cuando se vuelva endémico? Y, ¿cuánto alterará nuestras vidas? La respuesta corta es… todavía no lo sabemos. El patrón endémico de cualquier enfermedad se entiende mejor en retrospectiva y el coronavirus ha estado con nosotros tan solo unos dos años.
Un escenario optimista es que el SARSCoV- 2 se adapte a un patrón menos disruptivo parecido al de la influenza y que produzca brotes invernales con tasas de hospitalización y letalidad más bajas de las que vimos en 2020 y 2021. Un escenario más pesimista es que el virus continúe generando variantes que evadan la inmunidad y sean capaces de infectar a una gran cantidad de la población.
Aunque es difícil saber cómo se manifestará el coronavirus endémico, hay dos características que valen la pena monitorear en los próximos meses y años: la frecuencia y la gravedad de los brotes. Estos dos factores delinearán la alteración que cause el coronavirus de aquí en adelante. La frecuencia futura de los brotes del coronavirus está muy relacionada con la inmunidad de la población y cómo cambie el virus. La resistencia de una población frente a las variantes en circulación depende del historial de infección, vacunación y refuerzo de las personas. Las variantes con diferencias menores de la fórmula de una vacuna o una variante más antigua tal vez no produzcan mucha enfermedad. Sin embargo, una variante con cambios significativos — como la Ómicron— podría infectar a muchas personas al evadir la inmunidad.
Una gran incógnita es si el SARS-CoV-2 puede seguir produciendo variantes que esquiven el sistema inmunitario como la Delta y la Ómicron. Si el virus tiene esta capacidad, los brotes podrían ocurrir varias veces al año, algo muy similar a lo sucedido en 2021. Este patrón endémico podría mantenerse durante unos años más o de forma indefinida. Por otro lado, si se agota la capacidad de generar variantes que puedan evadir la inmunidad con facilidad, las versiones futuras del virus podrían ser menos agresivas y producir menos brotes, tal vez solo sucedan una vez al año durante el invierno, de manera muy parecida a la influenza.
La gravedad de los brotes dependerá de una serie de factores, entre ellos la capacidad intrínseca de las nuevas variantes para enfermar a la gente. Hasta ahora, no todas las variantes del SARS-CoV-2 han producido niveles idénticos de enfermedad. Una idea popular es que con el tiempo el virus se volverá cada vez más leve y que quizá la Ómicron sea la primera evidencia de esta progresión. Por desgracia, lo más probable es que no sea así. Aunque la Ómicron ha sido menos grave, la siguiente variante de gran impacto podría ser más mortal, como lo fue Delta.
Aunque el virus no se está volviendo menos grave, otros factores, como la protección de infecciones previas, vacunaciones, refuerzos y medicamentos, deberían ayudar a reducir la gravedad de la enfermedad, las tasas de hospitalización, la duración de las hospitalizaciones y el riesgo de muerte a causa del COVID-19. Es importante que se siga monitoreando la efectividad de las vacunas y que las fórmulas de las vacunas se actualicen según sea necesario para que cualquier pérdida de protección se pueda contrarrestar por medio de dosis de refuerzo.
Debido a esta incertidumbre, no deberíamos bajar la guardia. El coronavirus es astuto y mucho más transmisible que la influenza. Debemos mantenernos atentos, aunque parezca que estamos entrando a un periodo de calma, porque no se sabe cuánto durará la calma. No debemos suponer que el COVID-19 se volverá una molestia ligera parecida a la influenza. Es mejor estar preparados: vacúnate y ponte el refuerzo, hazles caso a los expertos en salud pública, ten a la mano algunas pruebas caseras de COVID-19 y úsalas si te expones o te sientes mal y usa cubrebocas cuando sea necesario. Además, vigila la frecuencia y la gravedad de los brotes futuros.
Jeffrey Shaman es epidemiólogo y columnista de The New York Times.







