En el discurso conmemorativo del decimotercer aniversario de la creación del Estado Plurinacional de Bolivia, el presidente Luis Arce destacó datos como los del Producto Interno Bruto (PIB) (6%), los cuales demuestran que nuestro país está alcanzando nuevamente el tan buscado crecimiento económico encaminado por la senda del desarrollo.
Y es entendible que esta clase de datos generen ronchas y contrariedades entre “analistas económicos” que con sus aseveraciones y discursos “ilustradores y populistas” tal parecen querer ignorar la pandemia por COVID-19 y la crisis económica mundial generada por la misma, tratando de confundir a la población de a pie.
Claramente esta amnesia histórica busca olvidar los sucesos “políticos” que conllevaron a la renuncia del presidente Morales a finales de la gestión 2019 y que generaron un desfase en la economía de nuestro país, que en 2020 se ahondó más, toda vez que sumado el inicio de la pandemia al mal manejo político y económico sin rumbo del “gobierno de Áñez”, afectó a la población más vulnerable e incrementó los índices de pobreza en el país, por lo que efectivamente los datos económicos presentaban una recesión de -9%.
Todos estos hechos que se pretenden olvidar tuvieron efectos negativos, tanto económicos como sociales. Sin embargo, a partir de la gestión 2021, de la mano del presidente Arce se vuelve nuevamente a encaminar el país hacia el Modelo Económico Social Comunitario Productivo a través de la industrialización mediante la sustitución de importaciones y medidas inmediatas y planificadas como la vacunación a toda la población mayor de cinco años.
Este modelo, controversial para algunos, ha sido planteado por el Gobierno central, el cual busca incentivar la transformación de las materias primas en bienes de primer orden, además de reforzar la industria manufacturera nacional, es decir, generar la tan anhelada marca boliviana “Hecho en Bolivia”, siendo este momento una oportunidad; si recordamos que como consecuencia de la pandemia, un enorme porcentaje de mercancías se ha visto afectado en su importación por las cancelaciones y retrasos, así como por la alta demanda de compradores frustrados y por el incremento en los precios de algunos productos por la denominada “Crisis de los Contenedores” que hasta comienzos de 2023 se prevé que vuelva a la normalidad el flujo comercial mundial.
En este sentido, es menester para el Gobierno central alentar la producción y consumo de bienes de corte nacional; que con políticas como la entrega de un subsidio pre y posnatal, así como la billetera móvil, canasta familiar y el desayuno escolar con productos netamente locales, ha contribuido a que este proceso se inicie, además de incentivar la producción y competencia interna. Y la pregunta es: ¿si no es ahora, cuándo será?
Lucia Mollericona Es economista.






