A pesar del progreso que América Latina y el Caribe ha experimentado en materia de igualdad de género durante los últimos 50 años, las mujeres todavía participan menos que los hombres en los mercados laborales y tienen más probabilidad de estar ocupadas en empleos informales y a tiempo parcial. Las mujeres también obtienen una menor productividad, remuneración y representación en puestos gerenciales y ejecutivos.
Existe también una brecha de participación de la mujer en los ámbitos de la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés). Uno de los elementos que explica esta brecha es que las mujeres enfrentan mayores prejuicios a la hora de elegir una carrera universitaria y posteriormente un empleo. Datos de la Unesco y ONU Mujeres muestran que menos del 30% de los investigadores científicos en el mundo son mujeres.
La crisis generada por la pandemia de COVID-19 afecta de manera particular a las mujeres en varias dimensiones. Los cuidados, esenciales para abordar la pandemia, recaen mayoritariamente en las mujeres. En Bolivia, por ejemplo, el tiempo que ocupan las mujeres en trabajos no remunerados de cuidados es de 4,45 horas por día, mientras que los hombres pasan solamente una hora por día en dichas tareas. Muchas tareas domésticas son también asumidas por niñas y adolescentes.
Al igual que en toda la región, en Bolivia la brecha de la participación laboral de la mujer es del 26%, y la tasa de desempleo de las mujeres en el área urbana alcanza el 6,01%, el doble que la de los hombres. El estudio del BID Trabajar y ser mujer en Bolivia muestra que las mujeres tienen mayores niveles de participación en ciertas ocupaciones, particularmente aquellas con menores ingresos, por ejemplo, las que están más representadas en el área de servicios.
La baja participación de las mujeres en áreas STEM implica que el 50% de la población mundial no está representada en las producciones científicas y tecnológicas; por ejemplo, solo el 6% de las aplicaciones móviles en el mundo fueron desarrolladas por mujeres. En el campo de la medicina, la mayoría de los estudios son liderados por hombres, y por esto, en algunos casos, no consideran contraindicaciones en mujeres.
La discriminación de las niñas para el estudio de las carreras STEM nace en normas sociales, culturales y de género que influyen en su crianza, en cómo aprenden, sus creencias, conductas y decisiones. Si bien los estereotipos de género se terminan de constituir a los siete años, se perpetúan en la adolescencia, cuando se eligen los tipos de carreras en que las jóvenes quieren desarrollarse.
En la actualidad, las carreras STEM son las de mayor producción, remuneración y desarrollo, y por esto es importante incentivar la participación de las niñas en estos campos. Padres, madres y cuidadores pueden estimular la participación de las niñas en estas áreas, evitando transmitir estereotipos que fomentan la creencia de que existen carreras y oficios que son exclusivos para hombres o para mujeres. Los estereotipos también se reflejan en los regalos que se hacen en la niñez.
Existen múltiples maneras de incrementar la participación de las niñas en el campo STEM. Desde estrategias para incentivar y apoyar la participación de las jóvenes en estos estudios, con esfuerzos de divulgación sobre las oportunidades profesionales y las habilidades que se precisan, hasta requerir la inclusión de la perspectiva de género en los proyectos de investigación como condición para el financiamiento.
Desde el BID estamos comprometidos con la igualdad de género, como uno de los ejes centrales de nuestra Visión 2025. Esta hoja de ruta hacia un desarrollo inclusivo y sostenible de la región busca promover programas el empoderamiento de la mujer, así como el fomento de políticas que amplíen el acceso a créditos para emprendimientos femeninos.
El camino es largo, pero todo esfuerzo suma. Hoy reconocemos a las mujeres que trabajan en carreras STEM y reiteramos nuestro compromiso con el país y la región para seguir avanzando hacia un futuro donde las brechas de género en éstos y otros campos desaparezcan.
Verónica Tejerina es especialista del Sector Social del Banco Interamericano de Desarrollo.







