Entre las consecuencias que traen consigo las disputas internas del MAS, es de lamentar que se haya abandonado la incipiente discusión pública sobre la estrategia de desarrollo a largo plazo del país, que resulta tanto más necesaria en vista de los complicados escenarios internacionales, dominados por la geopolítica y la consiguiente inestabilidad de las instituciones multilaterales, así como también debido a las diferencias políticas entre los países latinoamericanos, reforzadas además por diversas fuerzas centrífugas que debilitan la posibilidad de que América Latina participe con una posición concertada en las negociaciones internacionales respecto de temas álgidos como el alivio de la deuda externa, el calentamiento global y la transición energética y la regulación de la inteligencia artificial.
Tampoco el seguimiento informado y responsable del Censo de Población y Vivienda ocupa un lugar destacado en la discusión pública, salvedad hecha de algunos eventos aislados que no cuentan sin embargo con la difusión suficiente para su deliberación pública. Conviene reiterar una vez más que las controversias sobre la situación económica y sus perspectivas no deberían limitarse a una contraposición de narrativas fragmentadas y de bajo calado intelectual.
Así, por ejemplo, mientras que las autoridades gubernamentales niegan enfáticamente la existencia de una crisis económica, lo cierto es que la evidencia cotidiana corrobora la existencia de diversos síntomas críticos que contrastan con la situación pasada, como es el caso de la escasez de dólares en el sistema bancario, cuya causa inmediata es sin lugar a dudas la caída del volumen de las exportaciones, en particular las que corresponden a la exportación de gas natural. El tema ha sido abordado desde diversas perspectivas y no es necesario abundar mucho más en esta oportunidad.
Me interesa en cambio hacer algunos comentarios sobre la idea de que la producción local de biodiésel en dos plantas reemplazará las actuales importaciones de carburantes, cuyo costo en divisas desequilibra desfavorablemente el balance comercial del sector hidrocarburos.
Decisiones de esa índole tienen repercusiones de largo plazo y, por lo tanto, tendrían que formar parte de una visión estratégica en materia de reorganización de la economía. Sin mayores explicaciones se ha anunciado que habrá necesidad de una ampliación de la frontera agrícola en el Oriente con miras a contar con la necesaria materia prima para la fabricación de biodiésel. Un tema con repercusiones ambientales innegables, que requiere varias consideraciones sustantivas, que no es posible abordar en esta ocasión.
En vista del agotamiento del modelo primario- exportador en su versión de los últimos 15 años, no hay duda sobre la necesidad de promover la diversificación de la canasta exportadora del país, pero eso tiene que llevarse a cabo de tal manera que las medidas coyunturales de ahora no se transformen en obstáculos para la transformación productiva futura, cuyos requisitos primordiales consisten en lograr niveles sostenidos de crecimiento por encima del 5% anual, a partir de aumentos sostenidos de la productividad general de la economía.
En tal contexto debería examinarse la posibilidad de que el ingreso de Bolivia al Mercosur constituya un componente relevante en la trayectoria de transformaciones sectoriales que se requieren para establecer una economía dinámica, sostenible ambientalmente y generadora de excedentes genuinos.
Bajo tales condiciones, es evidente que la ampliación de la frontera agrícola para producir biodiésel resulta al menos discutible, al igual que debería cuestionarse una deforestación mayor del bosque amazónico para exportar carne a China. Se trata por cierto de temas que merecen ser examinados de manera amplia.
Horst Grebe es economista







