Hace 21 años, un político visionario puso en tapete una brillante idea, pero como siempre ocurre, nadie le tiró pelota, ni su propio gobierno del cual era vicepresidente. Me refiero a Julio Garrett Ayllón (1923-2018), quien acompañó a Paz Estenssoro en su tercera presidencia (1985-1989). Tuvo momentos importantes como político y muchas oportunidades para ejecutar varios proyectos, pero éste del que haremos un recuerdo ahora, considerado geopolíticamente importante y decisivo para consolidar un Estado, nunca fue puesto en práctica: ¿Demagogia o neoliberalismo de sus correligionarios? ¿O simplemente falta de visión prospectiva?
En un reportaje del extinto medio La Prensa, Garret Ayllón, entusiasmado por la comprobación de los enormes bolsones de gas que se encontraban en Tarija, propuso emplear este recurso energético para convertir al altiplano boliviano en un vergel, usándolo para extraer agua de las capas freáticas y generando la posibilidad de impulsar enormes complejos productivos y evitar la diáspora de sus pobladores a las ciudades del eje central para incrementar los cinturones de pobreza, acelerar el comercio informal, la desocupación y la subsecuente delincuencia. Puso como ejemplo a Israel y España.
Para conquistar el altiplano, que tiene mayor potencial que cualquier desierto, Garret avizoró:
— Antes que nada, tomar conciencia respecto a la grave situación por la que atraviesa Bolivia. Un país ensombrecido por el desarrollo desigual e inarmónico entre oriente y occidente, un desequilibrio que se reflejará en el campo político y podría llevar a la desintegración del país. Además de reconocer el potencial económico que abren las inmensas reservas de gas natural que se han certificado en el último tiempo. Hoy no podemos concebir a Bolivia sin el gas, ya que sería concebir a Venezuela sin el petróleo (… ) hoy (28 de julio de 2002) hay que plantear la conquista del altiplano como un objetivo nacional central para el país, tal como lo fue en la Revolución de 1952 el desarrollo del oriente. (…) Ayer la Revolución Nacional dio tierra (a los moradores del altiplano), hoy debe darles agua para que se incorporen a la economía.
Para esa etapa el gas no pertenecía al Estado boliviano, lo que planteaba un problema a resolver, ahora ese no es el caso.
Acotó que en Almería (España) una región desértica, fue transformada en un vergel y de ser la región más pobre de la península, se convirtió en exportador de berenjenas a Italia y otros productos en una extensión de 45.000 hectáreas de invernaderos, devenido en centro horticultor de Europa, transformando el agua salada del mar en agua dulce que, pese a su alto costo, es rentable.
Recordó que Julio Sanjinés Goitia inició el proceso de recuperación de la cuenca del Desaguadero y salvó ese territorio de la desertización con la construcción de represas para regular las aguas del Titicaca. Actualmente podemos ver que esta región, fronteriza con el convulsionado Perú, sigue postrada, más bien a florecido el contrabando como principal fuente de ingresos.
El altiplano boliviano está ubicado entre las cordilleras Real y Occidental de los Andes, los afluentes andinos nacen y terminan en el altiplano. Garret Ayllón recordó que Oruro se abastece de agua de los pozos de Challapampita y que todos los estudios hídricos señalan que el altiplano es un enorme reservorio de agua. Aseguraba que la principal lechería no está en Cochabamba, sino en Huancaroma, una pequeña población orureña.
Garret proponía lo siguiente: “(…) Hay que crear un régimen especial para la explotación del gas, con destino a la transformación productiva del país mediante la utilización de su potencial energético para la termoelectricidad y extraer agua del subsuelo altiplánico”. En el inicio de la década parecía una utopía, ahora ese proyecto es posible.
Los legisladores del occidente deberían “autoconvocarse” y debatir temas trascendentes para el desarrollo integral y armónico del territorio boliviano, en lugar de escenificar acciones circenses con la incorpórea oposición como público, provocando el rechazo de la población y proveyendo espacios a las fuerzas fascistas y conservadoras, y éstas justifiquen sus masacres y golpes de Estado. El presidente Arce debe tener un ámbito propicio para ejercer sus proyectos y evitar el viejo vicio de las gestiones de gobierno: acción y reacción, dejando de lado su programa de gobierno. ¡Hasta cuándo, perejiles!
Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.







