El número de muertes reportadas por el terremoto en Turquía y Siria aumenta todos los días. No es solo una tragedia local en la que muere gente de un país muy lejano. Los desastres naturales han golpeado y golpearán en todo el mundo, incluido Estados Unidos. ¿Cuáles son sus repercusiones? ¿Qué lecciones se pueden aprender de ellos? Tal vez la lección más destacada sea esta: la mala suerte es inevitable y debemos anticiparnos y prepararnos para ella.
Pero los desastres naturales —terremotos, volcanes, tsunamis, inundaciones, incendios y sequías— parecieran caer en la categoría de “mala suerte”. Por supuesto, no tenemos el poder para prevenir un terremoto, un tsunami o una erupción volcánica. Pero podemos anticiparnos y prepararnos para ellos. Ese fue un mensaje del gran escritor italiano Nicolás Maquiavelo, quien trazó una distinción crucial entre las palabras italianas virtu y fortuna. Con virtu, Maquiavelo se refirió a lograr el éxito usando nuestras habilidades. Con fortuna, se refirió a eventos que estaban fuera del control de uno. No, decía Maquiavelo, no tenemos que quedarnos como víctimas indefensas de la fortuna o la mala suerte.
Finlandia ofrece un modelo de preparación política para cualquier desastre. Durante la Segunda Guerra Mundial, los finlandeses sufrieron mucho tras haber sido aislados de las importaciones. Los finlandeses respondieron después de la guerra creando una comisión gubernamental que se reúne una vez al mes, imagina todo lo que podría salir mal y cada mes planifica y se prepara para esa situación. Los finlandeses ahora están preparados para la escasez de productos químicos, de combustible y de suministros médicos, así como para un colapso en la red eléctrica y otras eventualidades.
En una de esas reuniones de la comisión finlandesa, hace varios años, se reconoció la probabilidad de una pandemia por una enfermedad respiratoria. La comisión aconsejó al gobierno comprar y almacenar muchos cubrebocas, que en ese momento eran baratos. El resultado: Finlandia estuvo preparada para el COVID, así como para todos esos otros desastres.
Los psiquiatras utilizan el término “paranoia” para definir un miedo constante y exagerado de que algo salga mal. Considero nuestra perspectiva como una virtud saludable a la que denomino paranoia constructiva. En otras palabras, estar preparados para mucha mala suerte.
Las naciones, y los individuos, deberían practicar la paranoia constructiva. Algunos ya lo hacen. ¿Qué sucede con Turquía y Siria? Siria se encuentra en una situación especialmente cruel. Incluso antes de los terremotos, la zona afectada del noroeste de Siria sufría un brote de cólera y una grave escasez de mantas, médicos, electricidad, alimentos, combustible, camas de hospital, refugio y agua. La zona está en rebelión contra el gobierno nacional. Si bien otros países y organizaciones no gubernamentales pueden brindar ayuda a corto plazo, es poco probable que obtengan soluciones a largo plazo hasta que Siria haya recuperado la unidad nacional.
Turquía, en cambio, tiene un gobierno nacional efectivo. El gobierno considera ciudadanos turcos, no rebeldes, a los miles de turcos que han muerto desde la semana pasada. Turquía tiene un historial nutrido de terremotos recientes, de los cuales el actual fue “solo” el peor. El gobierno turco tiene la motivación para aprender de la experiencia. También tiene los medios para practicar medidas de paranoia constructiva.
Quizá el terremoto logrará motivar no solo a Turquía, sino también a otros países. Lo que aplica para los terremotos también es válido para las pandemias y otras amenazas: hay que anticipar y prepararse. ¿Estará el mundo preparado para la inevitable próxima pandemia? ¿Estará Turquía preparada para el inevitable próximo terremoto?
Jared Diamond es escritor y columnista de The New York Times.







