Siempre un trámite es tedioso: el tiempo que ocupa, los requisitos que cumplir, la falta de un documento, la carencia de información, el “vuélvase mañana” o los ánimos del servidor público. Nada sale bien y, peor, muchos mueren en el intento por conseguir legalidad por cierta propiedad o acreditación personal.
Dicen, vox pópuli, que en esos engorrosos papeleos está la trampa: o persistir por la vía legal o rendirse ante la coima que ciertos funcionarios exigen por la “vía rápida”. Por eso, por ejemplo, se entiende que en La Paz el 70% de los bienes inmuebles no está al día.
Recientemente, un trámite ciudadano es el dolor de cabeza: la autorización para la utilización de vidrios oscurecidos o polarizados en vehículos terrestres, dispuesta en el Decreto Supremo 4740, del 15 de junio de 2022.
Ya en el pasado gobierno de Evo Morales se había dispuesto el trámite, aunque un poco más expedito. El régimen de Jeanine Áñez eliminó de cuajo la obligación.
Las autoridades de la administración actual explicaron que el objetivo de la medida es evitar el uso de vehículos con vidrios oscuros (de fábrica) o polarizados (adheridos) con fines ilícitos u obligar la actualización del registro de propiedad.
Comprensible el argumento. ¿Pero tenían que hacer tan tedioso el trámite? Y más, ¿sin la coordinación y disposición de personal?
Uno decide morir en el intento en cada paso del trámite que no resulta de hoy para mañana, sino de esta semana para el siguiente mes, y eso si es que hay rosetas.
El suplicio relatado aquí puede resultar una guía para quienes aún no hicieron el papeleo. Otros, simplemente, optaron por cambiar sus vidrios oscuros.
Todo comienza con la asignación de la cuenta bancaria en las oficinas de Tránsito, a la que se debe depositar Bs 200 por tres certificaciones de no antecedentes: narcotráfico, crimen o tránsito.
Con la nota en mano, uno se encuentra ante el primer escollo: las largas filas en el único banco, estatal, dispuesto para el depósito.
Comprobante en mano, una segunda fila larga espera en Tránsito, donde unos tramitan licencias de conducir y certificados de antecedentes para otros trámites. En La Paz, las filas superan más de una cuadra. Originales y fotocopias del comprobante y la cédula de identidad, y también licencia de conducir.
Menos mal, a la entrega de los papeles, la acreditación no tarda más de media hora, eso dependiendo de la afluencia de tramitadores.
Quien no tenga antecedentes, bien; quien tenga, otro trámite: o tramitar su absolución vía judicial o claudicar por el vidrio oscuro.
Papeles en mano, el siguiente paso es la digitalización del certificado de antecedentes más al RUAT (Registro Único para la Administración Tributaria) para el trámite en línea en el llamado Estado Digital Vidrios Polarizados, del Ministerio de Gobierno. Uno piensa haber avanzado harto con este trámite. No, un robot devuelve el mensaje con un código para continuar y conseguir la “verificación”.
Aceptado ese paso, otro robot envía al correo o al número de WhatsApp o al correo personal la información sobre el siguiente trámite: la verificación física del vehículo con vidrios oscuros en algún punto de la ciudad.
Aquí, otro papeleo y ¡otro pago! No habían explicado las autoridades con claridad sobre el pago de Bs 200 más (Bs 100 para el transporte público, no entendemos por qué tanto privilegio), esta vez por la roseta.
Para este paso final, ni tan final, una larga fila de vehículos en el único punto de inspección. Otra vez los papeleos: documentación original, formulario suscrito (impreso del enviado por el Ministerio de Gobierno), comprobante del pago y “un juego de fotocopias de los documentos solicitados”.
Llama la atención que en las filas no hay minibuses, ¿cómo consiguen su roseta de vidrios oscuros? Falta un sindicato de propietarios de vehículos particulares.
En La Paz, esta recta final dura ¡hasta casi nueve horas! Poco personal y una falta de coordinación, y lo peor: “Vuélvase en dos semanas, lleve consigo este comprobante para cuando se le exijan y recoja después su roseta, porque se acabó; hay que imprimir más”.
A circular con el comprobante hecho a pulso por el funcionario del Ministerio de Gobierno y sellado hasta contar con la roseta. Desde el 1 de marzo, el incumplimiento del trámite tendrá sanción; mientras se les ocurra.
¿Hay necesidad de exigirle al propietario tanto dinero, Bs 400, en un solo trámite? ¿No hay forma de un trámite más expedito? ¿Pasará lo mismo en dos años, cuando expire la roseta? ¿Quién dirá que no?
No queremos un servicio público así, que nos obligue a morir en el intento.
Rubén Atahuichi es periodista.







