Mientras cursaba el octavo semestre de universidad hace algunos años —no importa el tiempo exacto—, mis compañeros y yo nos habíamos inscrito a una materia que llevaba por nombre “Crecimiento Económico”. Para la primera clase el profesor había preparado una presentación con los aspectos introductorios de la asignatura, él mostraba una a una las láminas de su presentación y destacaba los acontecimientos importantes y aportes teóricos que se habían llevado a cabo. “El crecimiento económico es el ensanchamiento de la capacidad productiva de una economía y para que sea comparable entre países nos interesan las variables por habitante o per cápita”, nos decía.
En efecto, la definición es correcta, pero ¿por qué crecen las economías? ¿Por qué somos más prósperos que la generación pasada o que nuestros tatarabuelos? ¿Por qué Bolivia ha conseguido alcanzar un crecimiento económico tan notable durante los últimos años?
Como Sala-i-Martin escribió, hay tres tipos de respuesta para preguntas como esas: la primera está relacionada con el capital, o sea que los trabajadores están mejor equipados al momento de trabajar, por tanto, la clave es la inversión. La segunda clave es la educación, incrementar las capacidades, fomentar las habilidades y destrezas contribuiría a tener una población más cualificada. La tercera clave está relacionada con el progreso tecnológico —la hipótesis favorita de mi profesor—. Somos más productivos porque la maquinaria utilizada es mejor y nuestros conocimientos son superiores a los que se tenían hace tiempo. Sin embargo, esta última clave cuando se la expresa en términos formales se denomina productividad total de factores, en ella cobran relevancia aspectos institucionales, por ejemplo, la democracia. Dani Rodrik argumenta que esta última es una meta institución, una especie de condición necesaria y pone en evidencia que la del tipo participativa hace posible un crecimiento de mejor calidad.
Ahora bien, Bolivia no siempre ha mostrado unos indicadores económicos como los de ahora, el PIB per cápita en la actualidad es superior al que se mostraba en 1952 o 1985. Hace no mucho, la mayor parte de la población trabajaba en el área rural, ya sea en el rubro de la minería o la agricultura y los niveles de educación eran muy bajos. No se podía imaginar, menos aun tener acceso a muchos de los productos y condiciones que hoy se consideran básicos. A este proceso se le denomina crecimiento económico. La cuestión clave es cómo se ha conseguido alcanzar un crecimiento económico tan importante durante los últimos años. Reformas económicas eficientes habrían coadyuvado a ese proceso de transformación.
Respecto a las reformas y evidencia empírica ( formal), vemos que su implementación y continuidad provocan cambios que se pueden observar en el tiempo, en ese sentido, actualmente se viene impulsando la inversión pública y se va generando las condiciones para que la inversión privada levante vuelo, pilares importantes dentro del modelo económico. En cuanto a la evidencia empírica ( formal), ha quedado demostrado por medio de modelos de crecimiento endógeno y un ejercicio de diferencia en diferencias que, en nuestro país, cambios a nivel educativo han tenido un impacto positivo en el capital humano y, por ende, en el crecimiento económico. En ese sentido, el bono Juancito Pinto, los incentivos a ser un estudiante destacado y una nueva malla curricular juegan un papel importante dentro del proceso y los resultados son más que satisfactorios (los incentivos como un concepto fundamental en economía juegan un papel importante en esta clave del crecimiento). En relación a lo institucional, el sistema político democrático y participativo boliviano se encarga de generar las condiciones para procesar los requerimientos y dirigir las acciones hacia el bien común e impulsar los claves del crecimiento antes mencionadas.
Otros economistas tendrán un punto de vista diferente, pero entre las claves que se enunciaron, la principal e implícita es la abrumadora idea de que las políticas que se eligen son, a la larga, el factor determinante del crecimiento económico. Por todas estas cosas, las interrogantes, la teoría y los hechos constituyen ese misterio económico desconcertante. Recordando a Robert E. Lucas: “Una vez que se empieza a pensar en ellas, resulta difícil pensar en otra cosa”.
Josabat Chávez García es economista y politólogo.







