Dada la coyuntura actual debemos reflexionar sobre las emergencias en el municipio y es por esa línea que partimos, ya que en una línea objetiva este momento nos obliga a ver el contexto de forma íntegra. Si bien en la actualidad hay situaciones que con seguridad pudieron preverse, a futuro se avizoran procesos y procedimientos establecidos en la Ley 1178, sobre posibles responsabilidades en el ejercicio de la función pública y corresponderá en ese ámbito la defensa y el descargo de los involucrados.
Pero estas líneas van dirigidas a recordar que la ciudad sufrió varios golpes por emergencias, sin ir lejos, recordamos la “riada” de 2002, la cual nos enseñó la necesidad de planificar una ciudad que esté preparada para la época de lluvias, que tenga la capacidad de responder a las situaciones hidrogeológicas, desbordes de ríos, riadas; por otro lado, sabemos que la ciudad tiene la necesidad de responder inmediatamente a los movimientos geodinámicos, como los que causaron cicatrices profundas. Recordemos el megadeslizamiento de 2011, por ello tenemos una ley, un mapa de riesgos de la ciudad y protocolos para la atención de las familias afectadas por estos hechos.
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Hoy en día aparentemente hemos olvidado que el paceño es empático, solidario, que tiene la cultura de saber ponerse en los zapatos de los demás, habiendo sido esto el espíritu de la ciudad durante muchos años.
En la actualidad, nos está cegando la politiquería, estamos a diario observando en redes sociales las críticas hechas a nombre de los afectados, quienes están dejando sus hogares, siendo los verdaderamente perjudicados.
Hay que ponerse en los zapatos de los afectados, la impotencia de ver que el trabajo de toda su vida, sus deudas bancarias están expuestas al peligro de un derrumbe, un deslizamiento o incluso un robo.
En ese momento me pregunto: ¿En qué momento la ciudad cambió la solidaridad por la politización? Lastimosamente en la actualidad somos testigos de la promoción de la politiquería, sin principios, valores, ni solidaridad, día a día únicamente vemos la censura de aquello que no se hizo, pero carece de propuesta.
De forma frívola se publican videos de TikTok abrazando a los afectados, criticando las gestiones, prometiendo fiscalización, revocatorios… sin mayor acción, exagerando la necesidad de aprovechar el momento, promoviendo indolentemente acciones políticas que no tienen mayor repercusión que intereses personales, lejanos al interés actual de la ciudad. ¿Será que el cambio de autoridades hará aparecer gaviones y muros de contención en menos de 24 horas? ¿Será una solución real para enfrentar la emergencia de forma inmediata?
Analizando tanta crítica sin propuesta nos preguntamos si esas personas han estado en campo, operativamente atendiendo damnificados, si han presenciado el desborde del Huayñajahuira, si saben qué es tener un handy en la mano; irónicamente, los profesionales que sí lo saben son los que menos han vertido un juicio de valor.
Es fácil y demagógico criticar desde la comodidad de un escritorio, utilizando el nombre de los afectados, pero qué difícil es que salgan de su área de confort para efectivizar la asistencia integral a los damnificados y sus familias.
La frivolidad de la politiquería, la impotencia y la tristeza se reflejan en quienes han perdido esperanza al momento de dejar sus hogares, sin saber si podrán volver algún día o si solamente deben resignarse a perder todo el trabajo de su vida y encima, son utilizados para fines políticos. Hoy en día, el espíritu de la ciudad está herido, perdido, los valores de empatía se han desplomado, la falta de ética es latente. Al parecer, la politización de la desgracia de la hoyada paceña es presentada como una solución que de la nada haría resilientes a los afectados, dándoles falsas y demagógicas esperanzas para tomar la selfi del momento.
Aquí, señor lector, preguntamos: ¿Hasta cuándo la ciudad va a seguir teniendo mensajes superficiales de alto contenido político y nula empatía, bajo un manual maquiavélico, a nombre de los afectados de la actual emergencia en el municipio?
(*) C. Melody Jiménez López es abogada constitucionalista, experta en gestión de política pública y desarrollo sostenible (una ciudadana que ama a su La Paz y hoy escribe con el corazón)






