“Siempre hay que tener un objetivo en la vida”, no parece ser una frase suficientemente innovadora como para entrecomillarla, más bien tiene cercanía con lugares demasiado comunes. Saber quién la dijo cambia su consabida apariencia, pues no es frecuente que la diga una mujer de 87 años al conseguir su maestría en Ciencias Políticas en noviembre de este año. Varatha Shanmuganathan es su nombre, nació en Sri Lanka, el antiguo Ceilán, marcada ella y su país por la guerra civil que duró desde 1983 hasta 2009. “Siempre, en mi corazón y en mi alma, he apreciado y alimentado la paz, la justicia, la igualdad y la democracia”, dijo, y luego añadió que su próximo objetivo es escribir un libro sobre la posguerra en su país.
Cuando en la taza de café de 2021 queda el último sorbo, vale la pena plantearse algún objetivo para el año que vendrá. Imagino a los que dirán que en nuestro país es inútil planificar, que no piensan hacerlo para ahorrarse la frustración. Contrariamente a estos pensamientos, el viento está a favor de correr el riesgo, de dar batalla. De otro modo es muy probable que la vida pase de largo por estar distraídos o dormidos. Si por alguna razón despertamos del letargo, solo nos quedarán los resabios de la vida que no vivimos. Será algo así como saltar en un libro de la introducción al epílogo ignorando todo el contenido.
No importa si el objetivo que nos pongamos es muy ambicioso, o, por el contrario, muy pequeño, en cualquiera de los dos casos será importante ir paso a paso, dar cuenta de las trabas que impiden seguir caminando, vencer las barreras, conseguir llegar a la meta, aunque en la partida todo parezca imposible.
La decisión de ponerse objetivos en la vida para esta mujer de 87 años por supuesto que es admirable, es un ejemplo a seguir. Pero a esta altura pienso que igualmente de loable es el joven de 30 años que se puso como meta correr una maratón y para conseguirlo se entrenó todos los días, buscó información de los atletas consagrados y también escuchó los consejos más cotidianos de amigos y familiares y corrió, llegó hasta el final poniendo todo de sí, venció sus piernas cansadas, se negó a quedarse y con la fuerza de la tenacidad puesta en un sueño se volvió invencible. Esa sensación de estar vivos, de superarnos, de ir más allá de nosotros mismos, es inigualable. No importa la edad, lo fundamental es que ahí está la motivación que nos empuje a ser protagonistas de nuestra propia historia.
Lucía Sauma es periodista.






