Finalizada la cumbre de la COP26, en Escocia, los principales mandatarios de los países del mundo han determinado que el mayor reto del planeta es la reducción de las emisiones de carbono.
El caso boliviano no es muy representativo en el impacto ambiental al planeta, dado que solo participa, en términos absolutos, con el 0,27% de las emisiones mundiales. Sin embargo, aporta con la descontaminación, con sus grandes bosques, puesto que cuenta con una alta tasa per cápita de árboles: aproximadamente 5.500 árboles por persona, muy por encima del promedio mundial que es de 450 por habitante.
Sumado a ello, Bolivia tiene un alto potencial seguir aportando a la descarbonización de la matriz energética a través de la implementación y desarrollo de proyectos en el sector que genera las mayores emisiones de carbono, que es el transporte, siendo que aporta con un porcentaje cercano al 25% de las emisiones mundiales. Uno de estos proyectos que puede contribuir al proceso de descarbonización es el uso de los biocombustibles; es exitoso, por ser una energía renovable y limpia en el transporte.
La producción de biocombustibles en el mundo tiende a crecer y apreciarse por la fijación de precios de carbono, el aumento del precio del petróleo, la comercialización de créditos de descarbonización.
Las bondades de la planta de caña poseen un elevado componente de biomasa que aporta cantidades importantes de carbono orgánico al medio. El cultivo de la caña de azúcar podría estar contribuyendo significativamente con el ambiente en lo relacionado con el cambio climático, al fijar carbono atmosférico en cantidades importantes.
Los suelos sembrados con caña están capturando y fijando, en promedio por hectárea y por año, cerca de 312 kg de CO2.
En el plano económico, por la coyuntura, el precio de la gasolina importada es mayor que el etanol, además es producido por bolivianos, contribuyendo a la reducción de las importaciones y consiguientemente a la disminución de la subvención, lo cual hace que para Bolivia tenga mayores beneficios.
La transformación paulatina de la matriz energética hacia el uso de los biocombustibles presenta grandes ventajas en el ámbito ambiental, como la considerable reducción de CO2, que implica menor incidencia sobre el efecto invernadero; asimismo, el uso de biocombustibles reduce las emisiones de material particulado, mejorando la calidad del aire que respiramos
En la actualidad, la capacidad de la producción de etanol representa el 25% del consumo de gasolina del país. Entonces, en la línea de reducir las emisiones de carbono, Bolivia debe apostar al incremento de la producción y uso del etanol en el transporte y la bioenergía generada a partir del bagazo de los ingenios azucareros, lo cual generará como efecto directo el desplazamiento de importantes volúmenes de gas que pueden ser exportados a mayores precios, incrementándose en ocho veces los ingresos para nuestro país.
El sector sucroenergético genera empleos verdes, reutiliza los recursos, promoviendo un círculo virtuoso en la economía, asegurando un transporte limpio y soberanía en administración de los combustibles.
En conclusión, los biocombustibles reducirán grandemente las emisiones de gases de efecto invernadero en el corto plazo, incrementando los volúmenes de mezcla de etanol en la gasolina, además se convierte en un combustible más potente. El incentivo a los vehículos eléctricos fue una política acertada para el cambio de la matriz del transporte, pero los costos de los vehículos y la generación de la energía siguen siendo muy elevados. No obstante, se alcanzaría un mayor impacto incentivando e incursionando en otras tecnologías como el uso de los vehículos flex fuel, que pueden funcionar con una mezcla de entre el 10% y el 85% de alcohol, con evidentes beneficios al medio ambiente, dado que la combustión con etanol es más limpia que con combustibles fósiles, lo que genera menor emisión de monóxido de carbono que la gasolina.
Luis Alberto Sánchez Fernández es ingeniero, consultor y exministro de Hidrocarburos.






