No existe mayor acierto que aquella definición conceptual sobre el barroquismo: “El mundo es un teatro”. Metáfora que forma parte del sentido de la época barroca y que indica que fueron momentos que denotaban las inmensas contradicciones de las sociedades.
Una realidad que Alejo Carpentier supo explotar en su obra Concierto barroco, dentro de una historia capaz de acercarnos a las culturas propias de las naciones latinoamericanas. En este caso, Coyoacán (México), lugar donde Montezuma (denominado así por el escritor), sentado en un trono de estilo mixto entre pontificio y michoacano, demuestra cómo el escritor buscó revelar que nuestras sociedades viven en el mismo espacio y tiempo, situaciones de distintas temporalidades.
Concierto barroco se enmarca en una ópera de Antonio Vivaldi que fue estrenada en Venecia en 1733. Y es justamente aquello que se percibe en el relato que adopta Carpentier en su escrito, en el que Montezuma, poetizado por Giusti y puesto en ópera por Vivaldi, salta después de casi dos siglos en una especulación sobre el tiempo.
De ese modo, la vertiginosa adaptación de ese ritmo musical —denominado endiablado por la crítica— alcanza su cometido de hacer vivir el pasado y el presente; por tanto, la presencia musical demuestra que tiene un tono rítmico y hasta melódico, lo que obviamente le da un significado singular.
Lo interesante de la creatividad del autor es que con ese detalle logra no solo revelar el sentido del libro, sino remarcar el valor de la música para hablar de Latinoamérica utilizando un estilo intencionalmente representativo de la época barroca. Esto apoyado por todo un entorno de relatos inspirados y representativos que consiguen transmitir la visión de ese tiempo.
De ahí que lo importante para algunos estudiosos de la obra Concierto barroco fue traducir su interés por descifrar la realidad latinoamericana y comprender su unidad cultural, para llegar, según ciertos críticos, a la auténtica conciencia latinoamericana.
Un sistema integral que utiliza Carpentier, cuyo propósito —a nuestro parecer— está dirigido intencionalmente a diseñar una visión sobre América Latina para el lector. Y para ese fin es que aclara que se trata de un elogio a la música barroca, para hablar de nuestros países.
Sin embargo, el hecho de mostrar una obra de dos dimensiones en dos mundos (en este caso del barroco), logra ilustrar al lector sobre la importancia que debiera dar a la lectura de las bellas obras del ayer, las cuales fueron poetizadas por literatos como Carpentier, que en medio de su tarea como escritor selecto hizo posible una obra que conlleva un trasfondo del gran valor: armar una trama a través de algo tan sensible como es la música y algo tan fuerte como es la identidad.
Para él, en síntesis, Latinoamérica es un territorio geográfico-espiritual constituido por diversas formas de simbiosis culturales, donde es justamente esa identidad singular la que permite que en una sola y gran región convivan tantas culturas, que la convierten en única. En este caso, se fundamenta en lo social latinoamericano y lo musical como gestor de la identidad.
Finalmente, es preciso señalar que el fenómeno musical latinoamericano posee características formales expresivas y claramente diferentes de la música europea que responden a un registro universal. Asimismo, sus temporalidades son distintas, pero “los componentes musicales se relacionan con la aprehensión del tiempo y la libertad estética”, como afirma Carpentier en Concierto barroco.
Patricia Vargas es arquitecta.






