Desde el inicio de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador, México estableció como una prioridad de política exterior “Mirar al Sur” y hacer que América Latina y el Caribe ocupen un lugar prioritario en su agenda internacional, contribuyendo en la búsqueda de soluciones a los problemas que más aquejan a la región e impulsando un mayor acercamiento entre los países para una mejor integración y una más importante cooperación para el desarrollo en beneficio de nuestros pueblos.
México no ha sido indiferente ante las realidades que vivimos, beneficiando caminos que nos unen ante situaciones de gran vulnerabilidad, más allá de nuestras diferencias, y es por ello que el 23 y 24 de julio pasados convocó a los cancilleres de los países de la región a reunirse para dos acontecimientos de la mayor relevancia: conmemorar el natalicio del Libertador Simón Bolívar y celebrar la XXI Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
Unir ambos acontecimientos no es una casualidad, la idea del Libertador Bolívar de que conformamos una nación latinoamericana está más vigente que nunca, la necesidad de estar juntos frente a las adversidades y la solidaridad que necesitamos nos hace reflexionar sobre la unión que Bolívar visualizó y la importancia de mantener vivo su sueño, refugiarnos en la historia para enfrentar mejor el presente y el porvenir como lo ha manifestado el Presidente de México.
Son tiempos de un nuevo relacionamiento en la región porque como lo expresara el canciller Marcelo Ebrard, la “unión hace la fuerza y en 200 años no lo hemos logrado, por lo que en la actualidad si América Latina no actúa en conjunto es imposible que tenga influencia en el mundo, divididos estamos condenados a seguir las decisiones que otros tomen”, nos corresponde a nosotros modificar esa realidad sin dejar a nadie atrás.
Es por todo ello que celebrar también en este momento la XXI Reunión de Cancilleres de la CELAC cobra gran importancia.
Como es de todos conocido, en años pasados la CELAC había experimentado un estancamiento por falta de consenso respecto al tipo de integración que se buscaba. Después de un “proceso de reflexión”, se acordó su fortalecimiento y es por ello que México, al asumir la Presidencia Pro Témpore en 2020, buscó revitalizarlo a partir de un diálogo respetuoso entre los Estados miembros, lo que permitió concertar posiciones en temas tan relevantes como el establecimiento de una estrategia regional contra la pandemia por COVID-19 y la democratización de la producción de las vacunas, entre muchos otros.
La CELAC se ha posicionado como un mecanismo capaz de lograr consensos en muy diversos temas y la reunión del 24 de julio ofreció la oportunidad de dialogar sobre los logros alcanzados en un contexto internacional muy complejo porque, como lo señaló el canciller Ebrard, “hemos enfrentado una amenaza externa no prevista a la seguridad de nuestras sociedades respecto a la cual la acción que hemos tenido como comunidad nos ha permitido avanzar en la integración de agencias regulatorias. La región fue capaz de producir la vacuna y beneficiar a 17 países. Hemos visto una cooperación que no vimos en años y queremos proponer que continúe.”
Hoy, los gobiernos de América Latina y el Caribe tienen que estar “a la altura de lo que necesitan nuestros pueblos y sus necesidades”, indicó el canciller en su mensaje y, para ello, necesitamos un órgano representativo de nuestros intereses y ese, sin duda alguna, no puede ser la OEA con su liderazgo actual que tanto daño ha hecho al intervenir en procesos internos como el de Bolivia, facilitando un golpe de Estado, provocando desestabilización y avalando un supuesto fraude que nunca hubo en las elecciones de 2019.
Son nuevos tiempos, tiempos de reconciliación y de fortalecimiento de América Latina y el Caribe como región, tiempos de pensar en una nueva forma de relacionarnos respetando nuestras diferencias, tiempos de demostrar al mundo que estamos comprometidos con iniciar una nueva convivencia en nuestro continente, una relación posible “bajo la premisa de George Washington según la cual las naciones no deben aprovecharse del infortunio de otros pueblos”, como lo expresara el presidente López Obrador.
¡Es el momento de una América Latina y Caribeña unida!
Maximiliano Reyes Zúñiga es subsecretario para América Latina y el Caribe en la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, y María Teresa Mercado es embajadora de México ante el Estado Plurinacional de Bolivia.






