De avance veloz por Sudamérica, la variante sigue siendo un misterio. Nadie sabe si es más contagiosa que otras o si afecta a las vacunas. Los virus evolucionan. El SARS-CoV-2, el virus que causa el COVID-19, no es la excepción. Así que no sorprende el surgimiento de variantes, y no todas las mutaciones genéticas representan una amenaza grave.
En semanas recientes, no obstante, la creciente cobertura mediática ha empezado a causar alarma en torno a la Lambda, una variante detectada por primera vez en Perú a finales del año pasado. La variante, conocida al principio como C.37, se ha propagado rápidamente por distintas zonas de Sudamérica. El 14 de junio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) la designó como “variante de interés”, lo que significa, básicamente, que los expertos sospechan que podría ser más peligrosa que la cepa original.
La preponderancia de Lambda y sus mutaciones, parecidas a las que se han encontrado en otras variantes altamente contagiosas o preocupantes, significa que vale la pena vigilarla, dijeron los científicos. Pero aún no se sabe mucho y no queda claro el riesgo que representa.
A mitad de junio, Lambda se había documentado en 29 países, territorios o zonas, según la OMS. La variante se había detectado en 81% de las muestras secuenciadas en Perú desde abril y en 31% de las procesadas en Chile a la fecha, dijo el organismo.
La variante representa menos del 1% de las muestras secuenciadas en Estados Unidos, según GISAID, un repositorio de datos genómicos virales. En varios otros países se han reportado casos aislados. Además, contiene ocho mutaciones notables, entre ellas siete en el gen de la proteína espiga, localizada en la superficie del virus. Algunas de estas mutaciones están presentes en otras variantes y podrían hacer que el virus sea más infeccioso o ayudarle a evadir la respuesta inmunitaria del organismo.
Pero aún no se resuelven grandes dudas. No está claro todavía si Lambda es más transmisible que otras variantes, si causa una enfermedad más grave o si vuelve menos efectivas a las vacunas.
Los estudios de laboratorio preliminares, que aún no se publican en revistas arbitradas por pares, brindan motivos tanto para preocuparse como para tranquilizarse. En dichos estudios, equipos de investigadores encontraron que los anticuerpos inducidos por las vacunas Pfizer, Moderna y Corona- Vac son menos potentes contra la Lambda que contra la cepa original pero que no obstante son capaces de neutralizar el virus.
El hallazgo sugiere que estas vacunas también deberían funcionar contra la Lambda, dijeron los científicos. Además, los anticuerpos no son la única defensa del cuerpo contra el virus: incluso si son menos potentes contra la variante Lambda, otros componentes del sistema inmunitario, como las células T, también podrían brindar protección.
Los investigadores también reportaron que Lambda, como otras variantes, se adhiere más firmemente a las células que la cepa original del virus, lo que puede causar que sea más transmisible.
Aunque quedan muchas dudas, Trevor Bedford, un biólogo evolutivo del Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson en Seattle, dijo que no encuentra a la variante Lambda tan preocupante como la Delta y no espera que llegue a ser tan dominante a nivel mundial.
Emily Anthes es columnista de The New York Times.






