Pensábamos que estaba de retirada, 20 años después de haber porfiado por el poder más allá de las protestas sociales que habían desahuciado sus políticas —inicialmente el impuestazo a los salarios y la venta de gas a Estados Unidos a través de Chile— y un modelo de Estado excluyente. No, de la nada e ilegítimo para cualquier ejercicio político, Gonzalo Sánchez de Lozada acaba de reaparecer políticamente en el país.
En su delirio se atreve a proponer la reforma de la Constitución a título de La Constitución de todos. Se trata de una consigna ya conocida en su campaña electoral de 1993, cuando planteó su Plan de todos. Su atrevida apuesta confronta al Estado Plurinacional, que todavía sacude sus cargas en el camino con muchas dificultades, y revindica la restitución de la república, ese modelo de país que resultó relegado con la movilización y el contrato constituyente de antes de 2009 que no se atrevió a instituir en las aciagas jornadas de protesta de septiembre y octubre de 2003.
Lo hace a sabiendas de las cuentas pendientes con la Justicia, que le reclama responsabilidad y sanción penal por la Masacre de Octubre, de 2003. Esa vez dejó 69 fallecidos a causa de la represión de las fuerzas del orden de entonces.
Realidad actual
Y, lo peor, desafía a un país sin el más mínimo de conocimiento de su realidad actual, todavía en proceso de recuperación de la crisis social, política y económica que se acentuó con la ruptura constitucional de 2019 —¡disculpen el eufemismo!— y con la pandemia del COVID-19.
¿Qué intencionalidad tendrá? Se puede leer que pretende ensayar un norte para unas oposiciones errantes en su propuesta de país, que, como las dirigencias radicales de Santa Cruz y sus adeptos del occidente, se sostienen con violencia, acciones racistas y cualquier demanda política para mantenerse vigentes. Esas dirigencias que trastabillan y fracasan en su intento de ganar simpatía con la propuesta de, por ejemplo, federalismo, Censo 2023 o referéndum revocatorio del presidente Luis Arce.
También remover el avispero a medio camino del gobierno actual y en puertas del proceso electoral de 2025 que se torna cuesta arriba para el Movimiento Al Socialismo (MAS), sumergido en las miserias de su dirigencia y, principalmente, de Evo Morales; la fractura y las disputas internas irreconciliables y el interés potencial por la repostulación del presidente.
Sánchez de Lozada reaparece en ese escenario, a pesar de su nula incidencia política y su incapacidad de generar consensos y adhesiones, y de su partido político, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) anulado de la competencia electoral. A pesar de su pasado oscuro y su credibilidad política hecha trizas; eso desde que huyó del país y dejó en manos de Carlos Mesa su gobierno.
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¿Y por qué no se avienen a su propuesta, si, en el conjunto, contempla ideas con las que comulgan las oposiciones? Porque quienes le tomen la palabra resultarán plagados de su impronta. En adelante, con miras a las elecciones de 2025, llevarán consigo su pasado nefasto.
Así se entiende, por ejemplo, la indiferencia de Mesa. Más allá de haber sido su acompañante de fórmula y vicepresidente en su gobierno, fue declarado militante personal de Sánchez de Lozada. Sabe que, ahora, no conviene levantar las mismas banderas que él; solo hacer tripas corazón.
Sin embargo, el documento del gringo, como solía ser considerado en el pasado debido a su doble nacionalidad, no es casual. Si bien se trata del delirio del nonagenario político, sirve para siquiera añorar el modelo de país precedente, por quienes perdieron privilegios en la gestión del poder, el manejo de la economía y el usufructo de las ganancias a costa del Estado.
Ya habrá tiempo para sopesar las consecuencias del texto gonista. Sin embargo, será difícil que no se avengan más adelante a algunas de las propuestas de Sánchez de Lozada, que mal que bien —hay que admitirlo— hizo su tarea, a diferencia de los seguidores de su pensamiento.






