El siglo de las mujeres. Sea que lo diga Victoria Camps o sea que lo señale la ONU, se siente ya como un sentido común. Pareciera pues que se trata de un consenso muy dado, el referirnos a esta época como un máximo histórico para la población mundial compuesta por mujeres que sufren desigualdades estructurales por su condición de género.
De hecho, buena parte de la política de este tiempo está determinada con base en las reacciones que produce la idea de que —luchas de por medio— se están superando múltiples desigualdades sociales y se están ampliando los derechos; varios de estos cuya titularidad recae en las mujeres. De ahí la hipótesis de que gran parte de las reacciones conservadoras que impulsan el surgimiento de narrativas y movimientos antiderechos (que producen nuevas derechas) están asentadas en la creencia de que las acciones afirmativas a favor de las mujeres ya se exceden en sus resultados o que las ideas progresistas están llegando tan lejos que arrasan con todo lo que se les opone.
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Es cierto que hay mucho por debatir dentro de lo que ocurre en las sociedades actuales producto de los cambios culturales que las luchas por los derechos generan, pero, de tanto en tanto, huelga alejarse también un poco de estas ideas que muchas veces terminan proponiendo “modular” los feminismos para salvarlos de sí mismos ante su abrumadora presencia. Porque no, no es cierto que la tortilla se esté siquiera volcando a favor de las mujeres.
Un informe publicado en mayo por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que toma datos de la Encuesta Mundial de Valores (EMV, en la que Bolivia participa) señala que nueve de cada 10 hombres en el mundo aún mantienen sesgos de género cuando se refieren a las mujeres. Estamos hablando de que en pleno 2023, el 50% de la población mundial cree que los hombres son mejores políticos que las mujeres. Un 40% todavía cree que los hombres son mejores ejecutivos empresariales. Y lo que es aún más ruidoso, un 25% aún considera que es legítimo que, en un matrimonio, un hombre agreda físicamente a su esposa.
Otro informe publicado en junio, el Global Gender Gap Report 2023 (que se refiere al Índice de Brecha de Género que se construye con base en variables como las oportunidades económicas, logros educativos, participación política, salud y supervivencia de las mujeres), elaborado por el Foro Económico Mundial, concluyó que se necesitarán hacia adelante 131 años para cerrar la brecha de género global. En el caso particular de nuestro país, el dato es nuestro puesto 56 respecto de los 146 países en los que se realiza la medición de esta brecha. Y a reserva de que nuestro país particularmente destaca por haber mejorado en 5 puntos esta brecha respecto a la medición del año pasado, los datos generales a nivel humanidad siguen indicando lo enormes que aún son los desafíos para disminuir estas brechas.
Así como se dice que este es el siglo de las mujeres paradójicamente sabemos que se desarrolla en plena sociedad de la desinformación. De ahí que, en el ejercicio de comparación del dato versus el relato, es posible afirmar que probablemente la mayor fake news que hay que batallar a los sectores conservadores es que el feminismo ya logró lo suyo. Y esto no es cierto: recién estamos yendo.
(*) Verónica Rocha Fuentes es comunicadora. Twitter: @verokamchatka







