Mientras escribía esta columna, mi mente imaginaba a la avenida Camacho, un lugar de nuestra ciudad de La Paz donde día a día podemos vivir el caos urbano, al mismo tiempo, observar en el fondo al centinela de la ciudad, al majestuoso Illimani, que nos hace sentir orgullosos de haber nacido a sus pies y poderlo contemplar todos los días.
Nuestra ciudad, sin duda es guerrera, rebelde, diversa, polémica, caótica, moderna y también de antaño. En sus calles oculta una serie de historias, llenas de felicidad y también de dolor. Además, encierra usos y costumbres con los cuales se ha desarrollado el crecimiento de la urbe, llegando en algún momento a ser una ciudad líder que imponía los temas de la agenda nacional, que enseñaba a otras ciudades, hermanas, a cómo hacer gestión pública en beneficio de sus habitantes, sin duda, gloriosos momentos.
Pero, para llegar a este punto, hemos desarrollado una visión de ciudad con planificación que se ajusta a los retos de diversas épocas, de forma exitosa. Si me preguntarían cuál es el ranking de alcaldes de La Paz, sin duda tendríamos que hacer una retrospectiva y debemos centrarnos en una determinada época, por ejemplo, Armando Escobar Uría, el “alcalde del Pueblo”, ideal para una ciudad en expansión y cuya población en ese período de su gobierno era alrededor de medio millón de habitantes. Escobar Uría marcó hitos importantes en la planificación de la moderna ciudad de La Paz, fue un visionario, un planificador urbano por excelencia a quien el desarrollo de la ciudad le debe muchísimo.
Años después, lastimosamente, el gobierno municipal entró en una crisis donde los conflictos de corrupción e ineficiencia, las peleas, el “deporte” de lanzar sillas, micrófonos en sesiones del Concejo Municipal eran el tema de los noticieros y, obviamente, debemos recordar a Germán Monrroy El Chaza Chazarreta y sus aventuras demagógicas que marcaron un fuerte retroceso.
En síntesis, no había gestión pública, predominaba el bochorno edil, la corrupción, llevándonos a una época oscura desordenada, sin visión, misión y vocación de ciudad, lo cual dio nacimiento a una necesidad bajo el rótulo: estamos cabreados, y en ese momento la historia dio un giro de 180 grados en planificación urbana por más de 20 años y con miras a 2040.
Fue un momento histórico del municipio de La Paz porque fue el primer paso que originó muchos cambios que se reflejaron en políticas públicas nacionales, desde un punto de vista institucional y, sobre todo, de vocación de servicio, crecimiento y prevención. Muchos de estos cambios se originaron por experiencias dolorosas para la ciudad, como la riada de 2002, que nos demostró que La Paz no estaba preparada para un acontecimiento de esta naturaleza, porque las gestiones anteriores se farrearon las previsiones.
¿Y, qué decir de los peores alcaldes? Aquellos recordados por su demagogia politiquera, voraces de poder y otros que le echan la culpa al prójimo para encubrir su ineficacia e ineficiencia. Sin ir lejos, el conocido Rafael Tata Quispe refirió que El Chaza compite el premio de peor alcalde con el actual burgomaestre, lo cual debería preocuparnos porque, entonces, estamos frente a personajes extraviados en épocas oscuras en la administración edil. ¿Nuestra ciudad no se encuentra, ahora, acosada por el fantasma del abandono?
Han transcurrido dos años de la actual gestión municipal y vemos que no hay una obra por día, y que las grandes obras son aquellas que fueron planificadas hace 20 años, como es el embovedado de la Avenida del Poeta. Somos testigos día a día que la cabeza de la actual administración edil se encuentra bien relajada, mostrando en su cuenta de TikTok que ser alcalde no es una tarea aburrida, ya que toca bombo, baila y festeja todo el tiempo, lo cual nos hace preguntar: ¿si El Chaza hubiera tenido en su época redes sociales, hubiera generado el mismo contenido?
El paceño está acostumbrado a la gestión por resultados, en este tiempo, gracias a la extraviada agenda julia, se ha percatado de la inexistencia de crecimiento social, territorial, económico de su ciudad y sabe que el fantasma del abandono está merodeando. Pero también nuestro ciudadano ha recordado que debajo de tanto escombro urbano que oculta a este fantasma y de las sillas voladoras, su ciudad puede retomar el camino para volver a ser maravillosamente encantadora, sostenible y líder.
C. Melody Jiménez es abogada constitucionalista.






