Ni bien se estaba terminando de cerrar, el sábado, el reportaje que publicó La Razón sobre la complicada realidad de los niños abandonados por sus padres, cuando llegaba la noticia de un nuevo caso: una mujer dejó, en La Paz, a su bebé en un bus de transporte público. Así que, a la cifra de 235 casos registrados en la ciudad, en lo que va del año, hay que sumar el de este niño.
Lo trágico es que detrás de los números hay historias de personas que, de no encontrarse soluciones que les permitan reinsertarse en el seno de alguna familia, tienen un futuro seguramente triste y difícil. Porque un niño que crece sin amor, sin una familia, sin oportunidades para estudiar y destacarse en la vida, se expone a ser un eslabón más en la historia de pobreza que muy probablemente está detrás de su abandono.
La opción de la adopción existe; hay mucha gente que desearía acoger a un niño como un hijo. El problema está en el proceso legal que debe facilitar esta figura: es tan lento, tan burocrático, que no sólo desalienta a las parejas, sino que está privando de un derecho fundamental a los niños: una familia.
Esta realidad exige respuestas. No es posible que por falta de políticas públicas, de juzgados, de funcionarios, de presupuesto, se esté condenando a ciudadanos bolivianos a la orfandad sin remedio.






