Los libros, las telenovelas (las mujeres con poca ropa)… y ahora las fiestas de 15 años. A algunos legisladores, y funcionarios del Ejecutivo también, les tienta la idea de prohibir, de limitar. ¿Que hay un problema? Pues a buscar la ley, el decreto que restrinja. Es evidente que hay quien piensa que así, como por acto de magia, se va a cambiar formas de vivir y hasta de pensar, sin calcular que éstas responden a una infinidad de factores imposibles de sujetar a una norma.
Sucede, en el tema de las fiestas juveniles, que con el objetivo de proteger la integridad de los chicos y evitar que consuman bebidas alcohólicas, en la Cámara de Diputados se habría polemizado sobre la idea de un horario tope (18.00 a 00.00). Tal vez no progrese, pero lo llamativo es que existe, que pasa por la mente de algunas de las autoridades.
A propósito. Si tal norma progresara: ¿quién va a controlar que se la respete? Y si no, ¿qué?: ¿se arrestará a los adolescentes?, ¿a sus padres?, ¿a la cumpleañera?, ¿se cobrará una multa?
Es cierto que la inseguridad en las calles hace temer por la integridad y hasta por la vida de las personas. Mucho más si son jóvenes, casi niños. No son pocos los casos conocidos de asaltos mortales a la salida de una fiesta. Algo hay que hacer frente a esta indefensión ciudadana. Pero, un toque de queda ¡parece tan inútil!






